Los regalos del Zar: las dachas rusas

LAS DACHAS

La dacha rusa. Orígenes

Hace unos días hablamos sobre las banyas rusas. Y muy ligado a ellas están las dachas. No hay dacha que se precie que no tenga una banya. Si alguien ha estado en Rusia ya, sabe de qué hablamos, porque se pueden ver desperdigadas por las zonas rurales. A veces formando poblados, a veces solitarias. Y en los últimos años, con los “nuevos rusos”, se han convertido en verdaderas mansiones a las afueras de ciudades como Moscú.

Casa, coche y dacha. Este era el sueño ruso de la época

La dacha ha tenido y tiene un papel fundamental en la sociedad rusa. La palabra tiene su origen en el verbo dar en ruso, “Дать”, ya que estos eran obsequios del zar a su guardia más personal y cercana. No siempre eran trozos de tierra, ni el concepto en el siglo XVII era el mismo que hoy día se tiene de las dachas.

En la nobleza rusa, era muy habitual en los meses estivales, volver a sus haciendas familiares y pasar allí varios meses. A veces estos lugares distaban mucho de Moscú, con lo que el viaje en si podía suponer un mes. Eso hacía que la clase dirigente del país “desapareciera” por 4 o 5 meses. Fue Pedro I el que tuvo la idea de regalar dachas en las afueras de Moscú para que estos construyeran sus palacetes allí y pudieran estar mucho más cerca durante el estío. Con este gesto se introdujo por primera vez la idea de veranear en las dachas.

Expansión de las dachas

Ya en el siglo XIX dejó de ser algo exclusivo de la aristocracia y algunos ciudadanos empezaron a alquilar “isbas” a campesinos. La isba es la típica casa rusa de madera.

Pero la verdadera explosión fue con la aparición del ferrocarril en Rusia. El acercamiento de los lugares de descanso con las grandes ciudades hizo que la gente pudiera acceder a veranear con cierta facilidad en los meses de más calor en las dachas.

La dacha en tiempos soviéticos

Si bien durante la guerra civil rusa, desapareció su uso, resurgió con fuerza en la época soviética. En este caso se repartían a los mejores trabajadores de cada profesión o sector y se construyeron verdaderos poblados de dachas. No obstante, el poder tener una dacha se “democratizó” durante el mandato de Khrushov, cuando la gran mayoría pudo tener acceso a ellas. Casa, coche y dacha. Este era el sueño ruso de la época.

Durante aquellos años sirvió de sustento en los hogares, ya que en los meses cortos del verano ruso, se plantaban todo tipo de hortalizas y frutas para poder hacer conservas y tener para todo el invierno. De esta manera se afrontaba la posible escasez durante los duros inviernos soviéticos.

Como dato curioso, el gobierno, viendo en la producción privada una amenaza a los ideales comunistas, prohibió tener dachas muy grandes, estableciendo una medida estándar, para evitar las grandes producciones. Sin embargo, y como muchas otras veces el pueblo ruso, con ese carácter indomable que le caracteriza, burlaba las prohibiciones y conseguían cultivar todo lo que querían y más.

La dacha en la actualidad

Aunque estos años del bloqueo de occidente parece haber una vuelta a estas costumbres, hoy en día no se sigue conservando en muchos hogares, como de aquella manera de los años de escasez.

Lo que está muy claro es que ante la vida urbana, el estrés de las grandes ciudades rusas, la contaminación, el ruido, el calor sofocante del verano…Las dachas aparecen como un oasis de vida y paz para los rusos. Y estos no dudan en pasar horas en el coche hasta llegar a sus preciadas dachas, cada viernes de cada semana, a partir del mes de mayo.

Os dejamos con este interesante vídeo donde se puede apreciar mejor las dachas rusas.

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