El castillo real de Blois queda arriba, en su colina, cuando salgo de la ciudad. Cuatro siglos de arquitectura apilados en el mismo patio —el gótico de Luis XII, el Renacimiento de Francisco I, el clasicismo inacabado de Gastón de Orleans— y yo me voy sin haber entrado. No es descortesía, es cálculo. Con ochenta y cinco kilómetros por delante, prefiero guardar las piernas para lo que viene y no gastar la mañana admirando un patio interior, por bonito que sea. Ya habrá tiempo, me digo, sabiendo que probablemente no lo habrá.
Giro al sur y me alejo del río. El camino baja hacia el bosque de Boulogne, que aparece de repente como si alguien hubiera corrido una cortina. El aire cambia de temperatura en cuestión de metros. El silencio tiene textura. Me detengo. Saco la cámara. No sé exactamente qué fotografío. A veces uno dispara para tener una excusa para detenerse.
Y entonces aparece Chambord.
No hay manera de prepararse para Chambord. He visto fotos. He leído descripciones. He oído a gente que lo había visitado hablar de él con esa mezcla de entusiasmo y ligera vergüenza que produce lo que es objetivamente demasiado grande. Nada sirve. El castillo emerge de la llanura con sus 440 habitaciones, sus 365 chimeneas y una escalera de doble hélice que se atribuye a Leonardo da Vinci, un capricho más sobre una lista que ya iba sobrada de caprichos. Me quedo parado sobre la bici, con un pie en el suelo, sin mover nada.
Es demasiado. Lo fotografío igual.
Francisco I mandó construir esto para irse de caza. La muralla que cerca la finca tiene 32 kilómetros. La muralla, no el castillo. Hay algo profundamente insano en esa escala que me resulta, por alguna razón, completamente admirable. Rodeo la finca por el camino de grava entre árboles. Un hombre mayor está sentado en un banco, mirando el castillo con los brazos cruzados y expresión de juez severo.
—¿Lleva mucho tiempo aquí? —le pregunto.
—Tres horas —responde sin mirarme—. Cada vez lo encuentro diferente.
Me quedo con la frase sin saber muy bien qué hacer con ella, y le guardo el perfil en la cámara antes de volver a los pedales.
De vuelta en la ruta principal, el camino sigue la orilla norte del Loira hacia el este. El río va quieto, casi plano, con el agua baja dejando ver bancos de arena a los dos lados. A unos veinte kilómetros de Chambord, el castillo de Chaumont-sur-Loire asoma sus torres redondas entre los árboles de un promontorio, bastante más pequeño que Chambord, casi un boceto al lado de aquella desmesura. Bajo hasta el puente, cruzo el río y subo por el camino hasta el dominio.
Chaumont no es Chambord. No pretende serlo. Es más pequeño, más íntimo, más parecido a un lugar donde alguien vivió de verdad que a un monumento a la megalomanía real. Catalina de Médici lo tuvo. Diana de Poitiers también, en circunstancias que ninguna de las dos elegiría como propias. Lo que importa ahora son los jardines. Cada año el Festival Internacional de Jardines convierte el dominio en algo situado en una frontera imprecisa entre arte y horticultura, entre lo que la naturaleza hace y lo que los artistas creen que debería hacer si tuviera más imaginación.
Una mujer mayor me explica, sin que yo le haya preguntado nada, que este jardín de aquí representa la memoria del agua. Le doy la razón, porque tiene razón, aunque yo habría llegado a esa conclusión en un orden diferente. Le robo una imagen mientras mira sus flores favoritas. Ella no se da cuenta. O sí se da cuenta y decide no hacer nada al respecto, que también es una forma de consentir.
Me quedo menos de una hora. Todavía me quedan casi veinticinco kilómetros y las piernas ya llevan toda la mañana quejándose.
El tramo de Chaumont a Amboise es puro Loira. El carril bici pegado al río, los bancos de arena dorada que aparecen y desaparecen según el humor del agua, el bosque de Amboise cerrando el cielo de golpe y abriéndolo de nuevo con la misma brusquedad. A estas alturas del día ya no disfruto tanto el paisaje como debería. Llevo horas sentado en un sillín que sigue pareciéndome una broma de mal gusto, tengo las manos un poco dormidas de agarrar el manillar, y empiezo a hacer ese cálculo tan poco noble de cuántos kilómetros me quedan en vez de cuántos llevo disfrutados. El bosque, al menos, ayuda. Es fresco y denso, con luz que se filtra entre las ramas, un silencio distinto al del bosque de Boulogne, más dulce, más habitado, con bicicletas apoyadas contra los troncos y voces bajas entre los árboles.
Amboise aparece sobre la colina con su castillo real presidiendo el río desde lo alto. Entro en la ciudad cuando la tarde empieza a ceder. Dejo el equipaje en el hotel Chaptal, que está, cómo no, en la rue Chaptal, y salgo caminando los quinientos metros que me separan del Clos Lucé.
Un palacete de ladrillo rojo discreto, casi doméstico, que Francisco I puso a disposición de Leonardo da Vinci para que viviera, inventara y pensara en sus cercanías. Le pagaba una pensión anual a cambio de nada concreto, solo de ser Leonardo da Vinci. El rey y el genio se veían a través del pasadizo subterráneo que une los dos edificios. Francisco bajaba cuando quería conversar, que es el sueño de cualquier intelectual —que el poder llame a tu puerta en vez de al revés, y que encima lo haga por un túnel para no mojarse.
En el dormitorio donde Leonardo murió el 2 de mayo de 1519, la ventana daba al castillo del rey. Me pregunto qué pensaba cuando miraba por ella. Probablemente no pensaba en el rey, sino en sus máquinas voladoras, en el ángulo de la luz, en la hidráulica. A los genios se les puede perdonar casi todo, incluso no estar nunca del todo donde están.
En los jardines, las máquinas que imaginó están reproducidas a escala gigante. El precursor del helicóptero, el tanque blindado, el puente de asedio. La gente las mira y sonríe, sabiendo que cualquier comparación con Leonardo está perdida de antemano. Fotografío las máquinas, los rostros, la luz del final del día sobre el ladrillo rojo, y cuando salgo a la calle me doy cuenta de que llevo toda la tarde sin cruzar más de tres frases seguidas con nadie. No es tristeza exactamente, pero tampoco es mucho mejor que eso. Ahí me quedo, sin ganas de analizarlo más, con el estómago vacío y las piernas cargadas, de vuelta hacia el hotel.
En el mapa tienes localizado el trazado completo en bicicleta de esta primera etapa. La salida desde Blois, el desvío hacia Chambord, la parada en Chaumont-sur-Loire y la llegada final a Amboise. Debajo tienes los enlaces oficiales, el álbum fotográfico completo y la información práctica para tu recorrido. Información oficial, consejos y recomendaciones para la ruta. Accede al álbum compartido en Google Photos para explorar todas las capturas de esta etapa a máxima resolución. Desde el sur de España y Madrid, la combinación más práctica es vuelo más tren. Desde los aeropuertos de Málaga, Sevilla o Madrid hay vuelos directos o con escala a París Orly o Charles de Gaulle, y desde París el TGV desde la Gare Montparnasse llega a Blois-Chambord en poco más de 1h15. El castillo de Blois está a 500 metros de la estación. Desde Barcelona, el TGV inOui desde Barcelona-Sants llega a París en unas 6h30; desde allí TGV hasta Blois. Las bicicletas van gratis desmontadas en funda en los trenes regionales TER; en los TGV de alta velocidad deben ir embaladas. Reservas en sncf-connect.com o thetrainline.com. Para quienes viajan desde el sur de España o Portugal, existe también la opción de volar a Nantes e iniciar la ruta en sentido contrario, terminando en Blois. Blois → Chambord (desvío ~20 km al sur) → vuelta al Loira → Chaumont-sur-Loire (~20 km) → Amboise (~25 km). El alquiler de referencia en Blois es Détours de Loire (Puerto de la Creusille), con bicis híbridas y eléctricas, consigna de equipaje (8 €/día) y traslado de maletas entre alojamientos (5 €/día). Reservar con antelación en temporada alta. La Oficina de Turismo de Blois también guarda equipaje por 5 €/día. Abierto todos los días. Reserva de entrada online recomendada en chambord.org. El acceso al dominio y los jardines exteriores es gratuito. Calcular mínimo 2 horas para la visita interior, incluyendo la escalera de doble hélice y las terrazas. La finca exterior tiene 32 km de muralla perimetral y caminos para recorrer en bici. El Domaine de Chaumont incluye el castillo del siglo XV y el Festival International des Jardins (abril–noviembre, tema diferente cada año). Entrada desde 17 € adulto. La estación de tren Onzain-Chaumont-sur-Loire está en la orilla norte, buena opción para regresar en TER si el día se hace largo. Reservas en domaine-chaumont.fr. La entrada para adultos cuesta 17,50 €. Incluye la visita al palacete, los talleres de Leonardo, el espacio inmersivo y el parque con las máquinas gigantes. Calcular entre 2 y 3 horas. Reserva en vinci-closluce.com. Hôtel Chaptal — rue Chaptal, 37400 Amboise — teléfono 02 47 57 14 46 — infos@hotel-chaptal-amboise.fr — hotel-chaptal-amboise.fr. A pocos minutos a pie del casco histórico y del Clos Lucé. Código ético — ninguno de los establecimientos mencionados ha pagado por aparecer en este espacio.
BLOIS Y LOS PRIMEROS KILÓMETROS: EL RÍO Y LA SALIDA
CHAMBORD: BOSQUE, ESCALA Y DESMESURA
CHAUMONT-SUR-LOIRE: JARDINES, HISTORIA Y LA MEMORIA DEL AGUA
RUMBO A AMBOISE: EL BOSQUE DENSO Y LA LLEGADA
CLOS LUCÉ: EL CASTILLO Y EL UNIVERSO DE LEONARDO
EL MAPA DE LA RUTA
GUÍA PRÁCTICA Y ENLACES — DÍA 1
LA LOIRE À VÉLO
Portal oficial y app de navegación GPS para la ruta en bici.
CHÂTEAU DE CHAMBORD
Página oficial y reservas para el castillo de Chambord.
DOMAINE DE CHAUMONT-SUR-LOIRE
Página oficial del castillo y el Festival Internacional de Jardines.
CLOS LUCÉ (AMBOISE)
Página oficial y reservas para la última morada de Leonardo da Vinci.
EL BOTÍN FOTOGRÁFICO COMPLETO
CÓMO LLEGAR DESDE ESPAÑA
LA RUTA DEL DÍA
Total aproximado, 85 km. Terreno llano salvo el repecho de subida a Chaumont. Señalización Loire à Vélo excelente en todo el tramo. La app oficial La Loire à Vélo (gratuita, iOS y Android) incluye navegación GPS, puntos de servicio y alojamientos certificados.LAS BICIS Y EL EQUIPAJE
CHAMBORD
CHAUMONT-SUR-LOIRE
CLOS LUCÉ (AMBOISE)
DÓNDE DORMIR EN AMBOISE
Valle del Loira en bicicleta. Loire a veló. Día 1. De Blois a Amboise
85 km aprox.
Terreno llano
Loire à Vélo
Valle del Loira en bicicleta. Loire a veló. Día 1. De Blois a Amboise
85 km aprox. Terreno llano ...
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