Conducir, caminar, detenerse, pasar de largo. Quedarse o marcharse. Estas son las elecciones del viajero, decisiones que ha de tomar en base a las expectativas o a los lugares estelares que otros han señalado. En esa tesitura inicio mi camino, entre la visita obligada y la que me genera expectativas. La primera, Los Jameos del Agua; la segunda, La Cueva de los Verdes. La Cueva de los Verdes recibe su nombre debido a una familia que guardaba el ganado en ella. Se trata de un túnel formado por una colada del Volcán La Corona, cuyo cono preside el lugar. Un recorrido a lo largo de un kilómetro del tubo volcánico que me maravilló. No siempre se tiene la oportunidad de recorrer un lugar así y, aunque no deja de ser una visita a una cueva, no puedo dejar de pensar en su origen cuando me fijo en los detalles y en la forma de sus paredes. Durante el camino, la guía nos prepara para una sorpresa final y decido que esa es la imagen que deseo robar, aunque cuando descubro la sorpresa me doy cuenta de que no soy el primero que se la lleva. Me marcho con la satisfacción de quien descubre un lugar especial guardado en la retina, pero también por haber captado algunas imágenes que alimentarán las sensaciones vividas. Desde allí vuelvo a conducir, pocos kilómetros porque está muy cerquita, hasta uno de los iconos de Lanzarote, Los Jameos del Agua, creados por César Manrique, quizá el personaje más emblemático y que ha dejado más huella en la isla. Yo también me pregunté qué era un jameo, así que tras la búsqueda necesaria averigué que: “Un jameo es una oquedad o agujero natural producido por el hundimiento del techo de un tubo volcánico subterráneo. Este término es de origen guanche”. Pues bien, los Jameos del Agua son resultado de la misma erupción del volcán La Corona, solo que en este lugar el techo del tubo volcánico por el que corrió la lava se derrumbó, a diferencia de la Cueva de Los Verdes en la que todavía se mantiene. En este lugar el señor César Manrique realizó otra de sus conocidas intervenciones en el entorno. El lugar se convierte en algo icónico debido a un elemento artificial, una piscina, dejando en un segundo plano el jameo natural que la alberga; cosa que a mí me quitaron las ganas de capturar imágenes. Camino por el lugar, bajo y subo escaleras, observo, tengo sensaciones encontradas. Restaurantes, barras de bar, un auditorio y una piscina en la que no te puedes bañar que me recuerda más al Caribe que a Lanzarote. Todo ello convive con cangrejos albinos en peligro de extinción. Me pregunté, y aún lo hago, si vale la pena pagar la entrada, y pienso que tal vez sea mejor conocer el lugar asistiendo a un concierto en el auditorio. Sí me gustó el museo de La Casa de los Volcanes incluido con la entrada principal en la compra online. Es un museo interactivo, con experiencias 3D y otros formatos que te hacen la visita divertida y didáctica. Vuelvo a conducir con la idea de dos formas de belleza dando vueltas por la cabeza. Una, la que solo ha contado con la belleza creada por la naturaleza, la Cueva de Los Verdes, creada por el paso de la lava en busca del mar y que la mano del hombre solo ha tocado para facilitar que podamos visitarla. Por otra parte, la belleza creada por el hombre, por César Manrique, y me decanto por la primera, pero eso es una apreciación personal. Pensando en ello me detengo a darme un bañito en las piscinas naturales de Punta Mujeres, otro lugar creado por la mano de la naturaleza. Ya fresquito, visito los pueblos de Haría y Teguise donde me sumerjo en la arquitectura tradicional de Lanzarote: casitas bajas, de estructura cuadrada, color blanco y calles anchas y planas. Paseo por ellas como camino por las coladas de lava, contemplativo y en paz. Aquí el ritmo de vida lo rompemos los turistas y de vez en cuando la erupción de un volcán. En el mapa tienes localizados los puntos principales de este recorrido por el norte de Lanzarote: tubos volcánicos, piscinas naturales y pueblos blancos. Debajo tienes los enlaces oficiales, recomendaciones y la información práctica para tu visita a esta zona de la isla. Información oficial, consejos y recomendaciones para tu recorrido: Bar La Piscina "Pichón" Está justo enfrente de la piscina natural El Pichón, pequeñito y con pocas mesas, pero aparte de comer bien, tienes también la diversión del encargado del bar, un auténtico showman. Puede ocurrir que no haya mesa, pero te podrás tomar una cervecita en el poyete que hay enfrente, con vistas al mar, mientras esperas tu mesa; incluso es posible que te ofrezcan esperar en la piscina natural dándote un bañito que: “en cuanto haya mesa voy y te aviso”. Código ético: Ninguno de los establecimientos mencionados ha pagado por aparecer en este espacio.
LA CUEVA DE LOS VERDES
LOS JAMEOS DEL AGUA
DOS FORMAS DE ENTENDER LA BELLEZA
PUNTA MUJERES, HARÍA Y TEGUISE
EL MAPA DE LA RUTA POR EL NORTE DE LANZAROTE
GUÍA PRÁCTICA Y ENLACES
CUEVA DE LOS VERDES
Página oficial del Centro de Arte, Cultura y Turismo para la visita a la cueva.
JAMEOS DEL AGUA
Página oficial y reservas para Los Jameos del Agua y la Casa de los Volcanes.
PUNTA MUJERES
Información sobre el pueblo costero y sus piscinas naturales.
TEGUISE
Portal de turismo oficial de la villa histórica de Teguise.
HARÍA
Información turística del municipio y el valle de las mil palmeras.
DÓNDE COMER EN PUNTA MUJERES
C. Virgen del Pino, 41, 35542 Punta Mujeres
Me dejo llevar por la cadencia del mar. Los ojos cerrados, la canción de fondo, ese verso que no entiendo del todo: I feel blue. Siempre lo había relacionado con la tristeza, con esas baladas que te ponen un nudo en el pecho, con los domingos grises. Hasta que abrí los ojos bajo el agua.
El mar de Cerdeña es de un azul tan sólido que casi da vértigo. No es una metáfora: es que hundes la vista y parece que pudieras cogerlo con las manos, que pudieras hundir una brocha en él y pintar algo con ese color. La luz entra desde arriba, rebota en la arena blanca, se parte en los peces, y tú estás ahí, flotando en medio de todo eso, sin saber muy bien dónde terminas tú y dónde empieza el Mediterráneo. I feel blue. Claro que sí.
Cerdeña no es solo una isla bonita. Es una gama entera de matices, del verde esmeralda al azul más puro que hayas visto nunca, ese que parece de mentira en las fotos y que resulta que en persona es todavía peor, porque en persona además está el olor a sal, el sonido del agua contra la roca y los pececitos pequeños que se acercan a darte mordisquitos en las piernas sin ningún miedo.
Es una isla para aventurarse, para vadear ríos y conducir por carreteras que de repente se convierten en camino de tierra y luego en dunas. Para perderse, en el buen sentido.
De esa sensación nacieron dos crónicas. La primera nos lleva al oeste más tranquilo, el que no suele aparecer en las guías o aparece de refilón: las dunas de Piscinas con sus rocas teñidas de rojo, la playa de Is Arutas con su arena de cuarzo que parece bolitas perfectas y que está prohibido llevarse a casa —cosa que entiendes en cuanto la ves—, las ruinas fenicias de Tharros por si quieres darle un toque histórico al día, y los B and B sardos donde la experiencia empieza antes de llegar a la playa. Es la ruta para quien necesita desconectar de verdad, no de postal.
La segunda crónica va a los sitios que aparecen en todas las guías. Y que, aun así, no defraudan. El Golfo de Orosei con sus grutas kársticas a las que llegas en barco navegando sobre un mar verde esmeralda. La Gruta del Bue Marino, donde el eco hace cosas raras con el silencio y el agua cristalina multiplica los reflejos. La Isla de Tavolara y la curiosa historia de su "rey". El archipiélago de La Maddalena, lleno de pinos y senderos que terminan en el mar. Y La Pelosa, con su torre defensiva sobre un islote de arena en mitad del agua, rodeada de gente pero tan bonita que da igual.
Son dos Cerdeñas distintas y las dos valen el viaje.
EL MAPA DE LAS PLAYAS
En el mapa tienes todos los puntos: playas, grutas, puertos, ruinas. Una visión completa para que no te pierdas nada en tu ruta por la isla.
Debajo tienes los dos capítulos completos con coordenadas GPS, precios, consejos de aparcamiento y dónde alojarse en cada zona.
LAS CRÓNICAS DE CERDEÑA
Explora cada rincón de la isla a través de nuestros relatos detallados:
CAPÍTULO I: Cerdeña Feeling Blue
La ruta por el oeste: Is Arutas, Piscinas, Tharros y la desconexión real.CAPÍTULO II: En busca de la playa perfecta
Cala Luna, Tavolara, Maddalena y los iconos imprescindibles del norte.ÁLBUM DE FOTOS COMPLETO
Todos los matices del azul sardo en nuestra galería de Flickr.¿Sigues buscando tu playa perfecta? Puede que esté aquí.
Dicen que el que busca, encuentra. Pero a lo largo de los años he aprendido que la verdadera magia de un viaje no reside en tachar monumentos de una lista, sino en toparse de bruces con aquello que ni siquiera sabías que habías perdido. Hay viajes que se planean con mapas, y otros que se trazan a ciegas, guiados únicamente por los caprichos de la memoria. Este regreso a Toledo fue, sin duda, uno de los segundos. Un intento de ordenar recuerdos infantiles que flotaban desubicados en mi mente, esperando el momento exacto para volver a encajar.
La memoria es un artefacto tramposo. Nos arrebata el contexto de las cosas pero nos ancla las emociones al pecho con una fuerza inusitada. Yo había estado en Toledo cuando era un niño. Mi mente conservaba imágenes difusas: un casco militar de juguete en el escaparate de una tienda, la inmensidad inabarcable de una puerta de piedra, la sensación de misterio al caminar por calles estrechas, y un rayo de luz dorada atravesando el polvo en el interior de un templo gigantesco. Eran fragmentos sueltos de una película de la que había olvidado el argumento.
Al dejar las maletas en la habitación y salir a la calle bajo un cielo que amenazaba lluvia, algo hizo clic. La imponente silueta de la muralla me dio la bienvenida, y en ese preciso instante, el hombre adulto del siglo XXI dio un paso a un lado. Cedió su lugar al Infante infantil, a ese niño explorador que jugaba a ser caballero templario, armado ahora con la más noble y afilada de las espadas: un humilde paraguas.
Durante aquellos días, mi caminar no fue el de un turista, sino el de un rastreador de instantes. Caminé despacio por las juderías, me dejé engañar por los callejones sin salida, me cobijé bajo pasadizos tenebrosos donde el tiempo parecía haberse detenido hace cinco siglos, y me permití el lujo de jugar. Jugar a conquistar fortalezas desde los tejados de las iglesias y a descubrir secretos entre columnas musulmanas y ábsides cristianos.
Lo que vas a leer a continuación no es una guía de viaje al uso. Es un diario de a bordo dividido en tres capítulos. Tres relatos en los que el Infante infantil se abre paso entre las leyendas de la ciudad, se pierde por los cobertizos bajo la lluvia y, finalmente, cruza las naves de la Catedral para reconciliarse con ese niño que se quedó maravillado mirando al techo hace ya tantas décadas.
Te invito a abrir tu paraguas, a dejar de lado la prisa y a acompañarme por las cuestas de Toledo. Sumérgete en estas tres crónicas y acompáñame a descubrir cómo, a veces, los mejores tesoros son aquellos que no estábamos buscando.
EL DIARIO DEL INFANTE INFANTIL
Haz clic en cada capítulo para adentrarte en la historia:
CAPÍTULO I: El Infante Infantil y la Espada Paraguas
El cruce de la muralla y la puerta de entrada a las leyendas de la ciudad.CAPÍTULO II: De lo Perdido y lo Encontrado
Pasos erráticos bajo la lluvia entre monasterios, tejados y cobertizos tenebrosos.CAPÍTULO III: Y el Hombre se Hizo Infante
El barrio judío, la Catedral y el reencuentro definitivo con la memoria perdida.Lanzarote. Caminando por senderos de lava volcánica
Conducir, caminar, detenerse, pasar de largo. Quedarse o mar...
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