Enrique II de Inglaterra murió en la fortaleza de Chinon en julio de 1189, y desde allí se llevaron su cuerpo a Fontevraud para enterrarlo. Hoy hago más o menos el mismo camino. En bicicleta y, de momento, vivo.
Me duele el culo. Llevo tres días buscando una manera más literaria de decirlo y no la encuentro. También me pesan las rodillas, y desde ayer se me duermen los dedos de la mano izquierda cuando paso mucho tiempo agarrado al manillar. Nada grave. Lo justo para no olvidar en ningún momento que tengo cuerpo.
Es la penúltima etapa. La parte de mí que duele lo celebra, y tiene sus motivos. El resto prefiere no contar lo que queda.
Cargo las alforjas, compruebo la presión de las ruedas y me pongo en marcha. Por la calle solo se ven repartidores. Paso por debajo de la fortaleza donde murió el rey sin levantar la cabeza. Ayer ya subí hasta allí, y hoy tengo las piernas comprometidas con otras cuestas.
Salgo de Chinon siguiendo el Vienne. A un lado, el agua. Al otro, las viñas de las que sale el Chinon que me tomé anoche con la cena. Me duró diez minutos. Esta mañana veo la ladera entera plantada de cepas, cuesta arriba, y me parece que no le presté la atención que merecía.
En Candes-Saint-Martin el Vienne entra en el Loira y pierde el nombre. Durante unos metros todavía se distinguen las dos aguas, una algo más oscura que la otra. Luego la corriente las mezcla y ya no hay forma de saber cuál era cuál.
Yo llego detrás. Traigo ensayada desde anoche la cara de no haber roto un plato. El Loira pasa por delante sin mirarme. Es un río.
Pienso en mis fotos. Acabarán como el Vienne, metidas en ese río enorme de imágenes del Loira donde ya nadie distingue quién hizo cuál. Me pregunto para qué las hago, y me incomoda que la pregunta aparezca tan temprano, con casi toda la etapa por delante.
Candes sube desde el río en calles cortas y empinadas. Las casas, con sus tejados de pizarra, son blancas, pero no del blanco que yo conozco. Aquí nadie encala. Es la propia piedra, la toba, que ya sale así de la cantera. Subo con la bici de la mano. Montado no llegaría, y empujando tampoco voy sobrado.
Arriba está la colegiata, levantada donde murió san Martín en el año 397. Los de Tours y los de Poitiers se disputaron el cuerpo, y los de Tours lo resolvieron por la vía rápida. Esperaron a que los otros se durmieran, lo sacaron por una ventana y remontaron el Loira en barca hasta su ciudad. Dice la leyenda que a su paso florecieron los árboles de las orillas, en pleno noviembre, y hay quien sostiene que de ahí viene lo del veranillo de San Martín.
Yo solo me llevo fotos. Al lado de aquello, lo mío es de aficionado.
Dentro de la colegiata hace fresco. Me siento en un banco y tardo en levantarme.
Desde el mirador, la confluencia se entiende de un vistazo. Parece un dibujo de libro de texto. El Vienne llega por un lado, se mete en el Loira y el pueblo se queda en la esquina, con los campos detrás. Hago fotos. Al cabo de unas cuantas descubro que estoy repitiendo la misma con distinto zoom, y guardo la cámara.
Me desvío hacia Fontevraud, unos kilómetros tierra adentro. El camino se aleja del río entre campos, y durante un buen tramo no me cruzo con nadie. Es la primera vez en lo que va de día que el silencio me pesa.
La abadía se recorre como un barrio. Tiene claustros, patios, jardines y unas cocinas románicas con el tejado lleno de chimeneas. Durante siglos esto fue una ciudad monástica, con sitio para rezar, para trabajar y para todo lo que queda en medio, que es casi toda la vida. Tuvo una importancia enorme y estuvo muy ligada a los Plantagenet, que la eligieron para enterrarse.
Después llegó la Revolución, echó a monjas y monjes, y en 1804 Napoleón convirtió la abadía en cárcel. Lo siguió siendo hasta 1963. Hubo gente que pasó media vida entre estos muros. Primero por Dios. Después, por orden de un juez.
En la iglesia están los yacentes de los Plantagenet, uno junto a otro. Enrique II, Leonor de Aquitania, Ricardo Corazón de León e Isabel de Angulema. Enrique tuvo a Leonor encerrada quince años. Ricardo se alió con el rey de Francia contra su padre, y Enrique murió en Chinon dos días después de rendirse. Ahora descansan a un metro unos de otros, sin rencor aparente.
Leonor sostiene un libro entre las manos.
—¿Qué lee? —le pregunta en francés una niña a su madre.
La madre se inclina sobre la piedra, como si de cerca pudiera distinguirse alguna letra.
—La Biblia, seguramente. —¿Entera?
La madre no contesta.
Yo anoche no leí ni una línea. Me quedé dormido con el mapa abierto encima de la colcha.
Le hago una foto a Leonor. Me tiemblan las manos de tantas horas de manillar y sale movida. Ella lleva ocho siglos quieta. En la foto, el único que se ha movido soy yo.
Recojo la bici y vuelvo hacia el río. Paso otra vez por Candes y sigo hasta Montsoreau, que está al lado. El castillo aparece al borde del agua, con los cimientos casi dentro del Loira. Hoy, sin embargo, me interesa más el pueblo.
Ato la bici a una farola y echo a andar por la Rue de Commerce. Los primeros minutos me vuelvo a mirarla cada dos por tres. Después me olvido de ella.
Las casas de la calle son de toba, con puertas viejas, flores en las ventanas y alguna tienda pequeña. Voy parando sin un plan claro, delante de una fachada, de una ventana abierta, de una bicicleta que no es la mía apoyada en una pared. En la terraza de un bar, sin nadie alrededor, hay dos vasos a medio beber sobre una mesa.
Uno de los vasos está demasiado cerca del borde y me estropea el encuadre. Miro a un lado y a otro. No viene nadie. Lo muevo un palmo hacia el centro y disparo. Me sale la mejor foto de la mañana, y la consigo haciendo trampa.
Me alejo pensando en quien vuelva a por esos vasos. Encontrará uno donde no lo dejó y nunca sabrá por qué. No es gran cosa, un vaso. Pero no era mío.
En otros pueblos del Loira estas casas serían un museo. Aquí tienen la ropa tendida, y lo prefiero a cualquier restauración de catálogo.
El castillo, que es del siglo XV, funciona hoy también como museo de arte contemporáneo y guarda la mayor colección del movimiento Art & Language. Muchas de sus obras están hechas de palabras, textos enmarcados y colgados en la pared igual que si fueran cuadros. Recorro las salas con la cámara en la mano, sin saber muy bien qué hacer con ella. Una frase no se deja fotografiar. Se deja leer, y ya está.
Desato la bici. Para llegar a Saumur se puede seguir la orilla o subir por los coteaux, las laderas que van por encima del río entre viñas, casas trogloditas y carreteras estrechas. Por arriba son unos doce kilómetros. Las piernas prefieren la orilla. La cámara, las laderas. Gana la cámara, como siempre, y pagan las piernas.
La primera cuesta de verdad tiene su señal. Ocho por ciento. Escrito parece poca cosa. A mitad de subida me adelanta una señora de pelo blanco en bicicleta eléctrica y me da los buenos días en francés, con la respiración intacta. Le contesto con un ruido que no llega a palabra. Cien metros más arriba me bajo y empujo. No es la primera vez en este viaje.
La ladera está llena de puertas, ventanas y entradas de bodega abiertas en la toba. Algunas puertas tienen buzón. Hay gente viviendo dentro de la montaña, y el cartero lo sabe. Todo esto fueron canteras. De aquí se sacó piedra para levantar casas y castillos, y las galerías que quedaron se aprovecharon después como viviendas, bodegas o champiñoneras.
Entro en una champiñonera. Dentro hace unos trece grados y el sudor de la cuesta se me enfría de golpe en la espalda. Las galerías se adentran en la roca mucho más de lo que parece desde fuera. A los lados, en bandejas y sacos, crecen champiñones de París, pleurotos y shiitakes, a oscuras, sin enterarse de qué hora es.
Un hombre con botas de agua me explica cómo funciona el cultivo. Cuando ya me voy, me pregunta si sé por qué se llaman champiñones de París.
—Porque vienen de allí, supongo. —Venían —me corrige—. Se cultivaban en las canteras de debajo de París. Cuando empezaron a construir el metro, los echaron. Muchos acabaron aquí.
Lo cuenta con orgullo. Le doy las gracias y salgo otra vez al calor.
El castillo de Saumur asoma primero entre los tejados y después entero, arriba, sobre la ciudad. Lo reconozco sin haberlo visto nunca. Sale en Les Très Riches Heures du Duc de Berry, en la página de septiembre, con la vendimia en primer plano y el castillo al fondo. Seiscientos años después la silueta apenas ha cambiado, y en los alrededores todavía hay viñas.
Me gustaría pensar que el miniaturista también hizo alguna trampa. Que subió un poco una torre o aclaró una fachada para que la página quedara mejor. Me sentiría acompañado. Aunque la hiciera, lo del vaso seguiría siendo cosa mía.
Dejo la bicicleta en el hotel, en el cuarto donde guardan las de los clientes. En esta ciudad deberían llamarlo cuadra. Luego salgo a caminar.
Saumur está llena de caballos. Aparecen en las estatuas, en los escaparates, en los carteles, en las tazas de las tiendas de recuerdos. En media hora de paseo cuento más de diez y ninguno respira. Todos remiten al Cadre Noir, la escuela que ha hecho famosa a la ciudad y la cara más conocida de la equitación de tradición francesa, que la UNESCO inscribió en 2011 en la Lista Representativa del Patrimonio Cultural Inmaterial de la Humanidad. La escuela está fuera del centro, en Saint-Hilaire-Saint-Florent. No voy. Para ir tendría que volver a subirme a la bicicleta, y eso hoy no va a pasar.
Al caer la tarde cruzo a la isla de Offard. Desde allí el castillo gana mucho. La colina, la piedra, las torres y los tejados quedan ordenados sobre el Loira, y la última luz le da a la fachada un color que unas horas antes no tenía.
En la orilla, un chaval intenta que un perro se meta en el agua. El perro no quiere. Por la cara de los dos, llevan así desde antes de que yo llegara.
Hago la foto que hace todo el mundo desde aquí. La miro en la pantalla y no le encuentro ningún defecto. Eso me fastidia, y no debería.
Ceno cerca del centro. Pido pescado y una copa de Saumur Brut. El pescado viene con una salsa de mantequilla. Yo soy de aceite, pero no dejo ni rastro. El Brut se hace en bodegas excavadas en la misma toba que la champiñonera. Me parece un buen uso de la oscuridad. Los tintos de la zona salen de las laderas que he subido empujando la bici.
La conversación más larga del día, pienso mientras ceno, la he tenido con un hombre que cultiva champiñones.
Saco el móvil para apuntar cuatro cosas del día. Escribo dos. Al poco caigo en que llevo un buen rato mirando cómo suben las burbujas de la copa.
De vuelta al hotel fotografío una puerta cualquiera, verde, sin nada que la distinga de las demás. Conozco el síntoma. Aparece siempre al final de los viajes, cuando cualquier cosa empieza a parecer que la veo por última vez.
El Londres está en la Rue d'Orléans, a pocos minutos del centro, y tiene el distintivo Accueil Vélo. Después de varios días en bicicleta eso significa algo muy concreto. Un sitio a cubierto para la bici y nadie en recepción que te mire raro cuando entras con el casco en la mano y las alforjas al hombro.
Mañana, Angers. La última etapa.
Antes de apagar la luz repaso las fotos del día. Están bien encuadradas, limpias, tranquilas. Parecen de un viaje sin esfuerzo, y este no lo ha sido. En ninguna se nota el ocho por ciento, ni el sillín, ni la señora de la bicicleta eléctrica. Solo en la de Leonor, movida por culpa de mis manos, se ve que estaba cansado.
Técnicamente no sirve para nada. No la borro.
En el mapa tienes las paradas de este cuarto día. Sale de Chinon junto al Vienne hasta Candes-Saint-Martin, se desvía a Fontevraud, vuelve al Loira en Montsoreau y sube por los coteaux hasta Saumur.
Los números marcan el orden de paso. Por debajo asoman las rutas ciclistas señalizadas de la zona.
Debajo tienes los enlaces oficiales, el álbum fotográfico completo y la información práctica para tu recorrido.
Información oficial, consejos y recomendaciones para la ruta. Accede al álbum compartido en Google Photos para explorar todas las capturas de esta etapa a máxima resolución. Chinon → Candes-Saint-Martin (junto al Vienne) → Fontevraud-l'Abbaye (desvío de ida y vuelta) → Candes-Saint-Martin → Montsoreau → Saumur (por los coteaux). Total — unos 45 km. Chinon queda fuera del trazado principal de la Loire à Vélo, que va por el Véron, entre el Loira y el Vienne. Desde Candes o desde Montsoreau sale un enlace de 6 km por carreteras pequeñas hasta Fontevraud. De Candes a Saumur la etapa oficial tiene 17 km, y desde Montsoreau hay dos opciones. Por los coteaux, unos 12 km entre viñas y casas trogloditas, con cuestas serias entre Turquant y Parnay y llegada al pie del castillo. O por la orilla, en vías verdes y casi llano, que es lo que la web oficial aconseja a las familias. Forma parte de Les Plus Beaux Villages de France, igual que Montsoreau, que está pegado. Lo mejor es subir a pie por el casco antiguo hasta el mirador sobre la confluencia del Vienne y el Loira. La colegiata de Saint-Martin, levantada donde murió el santo, es su gran monumento. Desde Montsoreau salen paseos de hora y media en barcas tradicionales del Loira. Entrada 13 €. Reducida 7,50 € (estudiantes y demandantes de empleo). Gratis para menores de 18. Abre todo el año salvo el 25 de diciembre y el 1 de enero, con horario según la temporada. Hay que calcular unas 2 horas. Tiene aparcamiento para bicis. Web — fontevraud.fr Adultos 12 €, de 5 a 18 años 8 €, gratis para menores de 5. Abre todos los días. En otoño, de 12 a 18 h. Guarda la mayor colección del mundo del movimiento Art & Language. Web — chateau-montsoreau.com Adultos 8,50 €, niños 6,50 €. En 2026 abre del 7 de febrero al 11 de noviembre, todos los días de 10 a 18 h. Dentro se está a unos 13 ºC, así que conviene llevar algo de abrigo aunque fuera haga calor. Web — troglo-sautauxloups.com Entrada 9,50 €. En 2026 abre del 7 de febrero al 31 de diciembre. En julio y agosto, todos los días de 10 a 19 h. De abril a junio y en septiembre, de martes a domingo de 10 a 18 h. El resto de la temporada, de martes a domingo de 10 a 13 h y de 14 a 17.30 h. Aparece en la página de septiembre de Les Très Riches Heures du Duc de Berry. La mejor vista es desde la isla de Offard, al otro lado del Loira, a última hora de la tarde. Web — chateau-saumur.fr La escuela está en Saint-Hilaire-Saint-Florent, a las afueras de Saumur. La visita guiada clásica cuesta 9 € (7 € para menores de 12). Las «Matinales», una hora viendo cómo se trabaja con los caballos jóvenes, 22-23 € según la temporada. En 2026 hay visitas del 12 de febrero al 2 de noviembre. Web — cadrenoir.fr Por aquí aparecen dos nombres todo el rato. El Saumur-Champigny, tinto de cabernet franc de los coteaux de alrededor de Saumur. Y el Saumur Brut, espumoso de método tradicional que se cría en bodegas excavadas en la toba. Varias casas históricas de espumosos tienen sus cuevas abiertas a visitas en Saint-Hilaire-Saint-Florent. Web — ot-saumur.fr Hôtel Le Londres — 48 rue d'Orléans, 49400 Saumur. Teléfono 02 41 51 23 98. Web — lelondres.com. En el centro, con el distintivo Accueil Vélo y garaje para las bicis con un pequeño taller de reparación. Datos revisados en octubre de 2026. Código ético — Ninguno de los establecimientos mencionados ha pagado por aparecer en este espacio.
La ventana de la habitación da al Vienne. A primera hora el río está gris y quieto. En el muelle, un hombre seca con un trapo los bancos de una de las barcas turísticas, uno por uno, aunque nadie va a subir hasta dentro de un par de horas. Me quedo mirándolo un rato largo, y sospecho que lo hago para retrasar el momento de volver a sentarme en el sillín.
POR EL VIENNE
UN SANTO POR LA VENTANA
LOS YACENTES DE FONTEVRAUD
UN VASO EN MONTSOREAU
POR LOS COTEAUX
SAUMUR
EL MAPA DE LA RUTA
GUÍA PRÁCTICA Y ENLACES — DÍA 4
LA LOIRE À VÉLO
Web oficial de la ruta, con los tramos, las variantes y los alojamientos Accueil Vélo.
ABBAYE ROYALE DE FONTEVRAUD
Horarios, entradas y exposiciones de la abadía de los Plantagenet.
CHÂTEAU DE MONTSOREAU
Museo de arte contemporáneo en el castillo a orillas del Loira.
CHÂTEAU DE SAUMUR
Horarios y entradas del castillo que sale en Les Très Riches Heures.
CADRE NOIR DE SAUMUR
Visitas guiadas y presentaciones de la escuela de equitación.
EL BOTÍN FOTOGRÁFICO COMPLETO
LA RUTA DEL DÍA
CANDES-SAINT-MARTIN
ABBAYE ROYALE DE FONTEVRAUD
CHÂTEAU DE MONTSOREAU – MUSÉE D'ART CONTEMPORAIN
CHAMPIGNONNIÈRE DU SAUT-AUX-LOUPS (MONTSOREAU)
CHÂTEAU DE SAUMUR
CADRE NOIR
VINOS
DÓNDE DORMIR EN SAUMUR
LAS CINCO ETAPAS DEL LOIRA EN BICI
DÍA 1
De Blois a Amboise
DÍA 2
De Amboise a Villandry
DÍA 3
De Villandry a Chinon
DÍA 4
De Chinon a Saumur · Estás aquí
DÍA 5
De Saumur a Angers
Siete días de abril, un coche de alquiler y una isla que se cruza de punta a punta en poco más de una hora. Con eso me bastó para salir cada mañana desde Puerto del Carmen hacia un paisaje distinto, unas veces el que señalaban todas las guías y otras el que aparecía sin avisar en una curva de la carretera. Volví sin tener claro si en Lanzarote fui viajero o turista, seguramente las dos cosas, y con la cámara llena de rojos, negros y azules que no siempre se parecen a lo que vieron mis ojos. Aquí tienes lo que necesitas para preparar tu viaje y las seis entradas en las que fui contando el mío.
El primer día da para poco más que deshacer la maleta y salir a buscar el mar. Puerto del Carmen vive del turismo y no lo esconde, pero entre Playa Chica y el puerto viejo apareció la primera roca volcánica, y con ella las ganas de ver todo lo demás. Timanfaya se recorre en guagua, con la cámara pegada a la ventanilla, y en el Islote de Hilario la tierra quema de verdad. Por la tarde, La Geria y su malvasía, viñas que crecen en hoyos de ceniza al abrigo de muros de piedra. Un mismo volcán, La Corona, y dos maneras de enseñarlo. La Cueva de los Verdes, casi como la dejó la lava, y los Jameos del Agua, convertidos por César Manrique en otra cosa. Para terminar, un baño en Punta Mujeres y un paseo por Haría y Teguise. El día que no cogí el ferry a La Graciosa ni pagué la entrada del Mirador del Río y me declaré viajero antisistema. A cambio, las aguas mansas del Caletón Blanco, los acantilados frente a La Graciosa y las dunas que se meten en las calles de Famara. Lo esperado y lo que no venía en el plan, en la misma mañana. El Lago Verde de El Golfo, Los Hervideros rugiendo entre la lava, las salinas de Janubio y Papagayo, tan bonita como en las fotos ajenas, aunque al final me quedé en una de las calas de antes, con más viento y menos sombrillas. Tres volcanes a muy poca distancia, uno de ellos por dentro, y los pasillos de Las Grietas. Para cerrar, Arrecife, donde el rojo y el negro del malpaís dejan paso al azul del mar y al blanco de las casas. En el mapa tienes todos los sitios de las seis entradas. Cada punto lleva el número de su entrada, y al pulsarlo puedes ir directamente a ella. Debajo tienes los enlaces oficiales, el álbum fotográfico completo y la guía práctica para preparar tu viaje. Información oficial, consejos y recomendaciones para tu viaje. Accede al álbum compartido en Google Photos para ver todas las capturas del viaje a Lanzarote a máxima resolución. Cómo llegar — El aeropuerto César Manrique-Lanzarote está a 5 km de Arrecife y a unos 8 de Puerto del Carmen, con vuelos directos desde muchas ciudades de la península y de Europa. En barco hay un ferry a la semana desde Cádiz, con más de un día de travesía. Desde Fuerteventura, los barcos rápidos entre Corralejo y Playa Blanca tardan entre 25 y 35 minutos y salen muchas veces al día. Cuándo ir — Cualquier época vale. La temperatura media del año ronda los 21 °C. En abril anda por los 20 °C y el mar por los 18 °C, y en agosto pasa de los 25 °C. Llueve poco y el viento sopla casi siempre, sobre todo en verano. Algunos días llega la calima, el polvo del Sáhara que vuelve el cielo color arena. Cuántos días — Con siete días se ve lo esencial sin prisas. Como la isla se cruza en algo más de una hora, se puede dormir siempre en el mismo sitio y salir cada día hacia una zona distinta. Una isla protegida — Lanzarote es Reserva de la Biosfera desde 1993 y, junto con el archipiélago Chinijo, Geoparque Mundial de la UNESCO desde 2015. Coche — Es casi imprescindible. Las compañías de alquiler están en el propio aeropuerto y en temporada alta conviene reservar con tiempo. Las carreteras están bien, aunque algunas, como la que cruza La Geria, son estrechas y no tienen arcén. Guaguas — Intercity Bus Lanzarote une el aeropuerto, Arrecife y las zonas turísticas, y la 161 va del aeropuerto a Puerto del Carmen y Playa Blanca. Casi ningún volcán ni mirador tiene parada cerca. El billete se paga al subir, mejor con monedas o billetes pequeños. Puerto del Carmen — Fue mi base. Está a diez minutos del aeropuerto, en el centro de la costa sur, con playas y restaurantes. Playa Blanca — En el extremo sur, cerca de Papagayo y del ferry a Fuerteventura. Costa Teguise — En la costa este, más tranquila y con más viento. Arrecife — La capital, con vida propia más allá del turismo. El interior y el norte — Haría, Teguise o La Geria, con casas rurales lejos de la costa. Apartamento RED — Puerto del Carmen. En un recinto cerrado con piscina, tranquilo, con cesta de bienvenida y una lista de restaurantes que no falló ni una vez. No tiene web propia, pero aparece en las plataformas de alquiler vacacional. El Cabildo gestiona siete centros turísticos, casi todos obra o idea de César Manrique. Ya no hay bonos para varios centros, así que cada entrada se compra por separado, y las de Montañas del Fuego y Cueva de los Verdes solo se venden por internet, con día y hora. Los menores de 7 años entran gratis. Fuera de esa red está la Fundación César Manrique, en la casa que el artista levantó sobre burbujas de lava en Taro de Tahíche. La entrada cuesta 10 €, o 17 € combinada con su casa-museo de Haría. La Graciosa, a 25 minutos en barco desde Órzola. La Fundación César Manrique, en Taro de Tahíche. El Jardín de Cactus, en Guatiza, la última gran obra de Manrique en la isla. En la mesa — Papas arrugadas con mojo verde y rojo, queso de cabra de la isla, a menudo a la plancha, pescado del día como la vieja, el cherne o la sama, sancocho, gofio y, de postre, bienmesabe. En la copa — La malvasía volcánica de La Geria, seca y mineral, y los tintos de listán negro. Dónde comer — La Taberna de Nino y Mardeleva, en Puerto del Carmen, y el bar La Piscina «Pichón», en Punta Mujeres. Sus datos están en las entradas de la llegada y de los Jameos. Espacios protegidos — Casi todo lo que se visita en la isla está protegido. No hay que salir de los senderos ni llevarse piedras, picón o arena. Las multas van de 150 a 3.000 €, y la mayor parte de lo que se intenta sacar acaba requisado en el aeropuerto. Sol y viento — El viento refresca y engaña, y el sol pega fuerte todo el año. Agua, gorra y crema, y calzado cerrado para el malpaís y el picón, que resbala. Con antelación — Las entradas de Montañas del Fuego y Cueva de los Verdes. Y antes de ir al volcán del Cuervo, mirar si hay restricciones de acceso. Datos revisados en octubre de 2026. Código ético — Ninguno de los establecimientos mencionados ha pagado por aparecer en este espacio.
SIETE DÍAS, SEIS ENTRADAS
1 · LA LLEGADA
2 · LAS MONTAÑAS DE FUEGO
3 · SENDEROS DE LAVA
4 · EL NORTE
5 · EL SUR
6 · LA MONTAÑA Y LA CIUDAD
EL MAPA DE LA ISLA
GUÍA PRÁCTICA — LANZAROTE
TURISMO LANZAROTE
Web oficial de turismo de la isla, con municipios, playas y espacios naturales.
CENTROS TURÍSTICOS DE LANZAROTE
Horarios y venta de entradas de los siete centros del Cabildo.
AEROPUERTO CÉSAR MANRIQUE-LANZAROTE
Vuelos, terminales y transporte desde el aeropuerto.
INTERCITY BUS LANZAROTE
Líneas y horarios de las guaguas de la isla.
FUNDACIÓN CÉSAR MANRIQUE
La casa del artista en Taro de Tahíche y la casa-museo de Haría.
EL BOTÍN FOTOGRÁFICO COMPLETO
ANTES DE IR
MOVERSE
DÓNDE DORMIR
LOS CENTROS DE CÉSAR MANRIQUE
COSAS QUE DEBES HACER
SI TIENES UN DÍA MÁS
QUÉ COMER Y BEBER
CONSEJOS
LANZAROTE, ENTRADA A ENTRADA
TU VIAJE A LANZAROTE
Guía práctica de la isla y el recorrido completo · Estás aquí
1 · LA LLEGADA
Puerto del Carmen y Playa Chica
2 · LAS MONTAÑAS DE FUEGO
Timanfaya y los viñedos de La Geria
3 · SENDEROS DE LAVA
Cueva de los Verdes, Jameos del Agua, Haría y Teguise
4 · EL NORTE
Caletón Blanco, Mirador del Río y las dunas de Famara
5 · EL SUR
Lago Verde, Los Hervideros, Janubio y Papagayo
6 · LA MONTAÑA Y LA CIUDAD
Del malpaís de Tinajo a Arrecife
A veces me pregunto si realmente existen espacios únicos, de esos que sí o sí hay que visitar para tener la experiencia de vivirlos. Mis pies han recorrido lugares que afirmaban serlo pero que a la vez me recordaban a otros en los que ya estuve. Hoy, una vez más en esta isla, es día de caminar entre volcanes e incluso de meterme en su interior y no sé si Lanzarote es el único lugar del mundo en el que puedo hacerlo, pero sí puedo asegurar que transmite la sensación de caminar sobre una tierra todavía caliente, con el magma a pocos metros bajo tus pies.
Del malpaís hasta Arrecife, la capital de la isla
Estoy en un lugar en el que, a muy poca distancia, puedo visitar tres volcanes. El volcán del Cuervo, La Montaña Negra y la Montaña Colorada. He sacado la cámara de fotos y no he dejado de fotografiar el malpaís, ese terreno desolado e inhóspito que quizá no sea único pero que resulta impactante.
Llaman la atención los colores; el rojo y el negro, la ausencia de vida, el tamaño y los volúmenes de la tierra, el grano fino que resbala por el cono del volcán. La piedra gruesa y de formas caprichosas que ha creado la lava al enfriarse. Miro a mi alrededor y me convenzo de la imposibilidad de caminar por aquel terreno, tanto más construir, cultivar o hacer cualquier cosa parecida a vivir.
En los casos de Montaña Negra y Montaña Colorada me limito a caminar alrededor del cono volcánico observando las diferencias en el sedimento generado por la ceniza y el creado por la colada de lava al abandonar el cono volcánico.
Para llegar al volcán de El Cuervo el sendero me lleva a través del malpaís, y me convenzo de que ahí no se puede vivir, casi ni caminar. En esta ocasión, una abertura en la pared del volcán me permite colarme en su interior y la experiencia me sobrecoge. No puedo evitar que lo aprendido en estos días sobre volcanes tome protagonismo en mi cabeza y mi imaginación vuele.
Desde allí, todavía impactado, conduzco hasta la costa, buscando la ciudad de Arrecife, capital de la isla. Pero antes, hago una parada en el paraje de Las Grietas, una ladera quebrada por la acción del volcán Montaña Blanca, donde puedo caminar entre las distintas capas de sus erupciones, moldeadas por la acción del agua y el paso del tiempo. Es un espacio distinto de los anteriores, laberíntico y con la belleza de todo lo que se construye con la paciencia de los ritmos geológicos. Una vez más disparo y disparo, siempre con la duda de haber sido capaz de captar lo que veo y la emoción que siento.
Termino mi ruta alejándome de lo salvaje para dar un paseo por Arrecife, la capital de la isla, y ahí dejo que mis sensaciones cambien, se calmen un poco, o tal vez solo se moldeen, como la lava del volcán Montaña Blanca. Me relajo caminando alrededor del Charco de San Ginés, me alegra descubrir librerías de esas que te invitan a quedarte y doy rienda suelta a mi niño interior cruzando el puente de Las Bolas que me lleva hasta el Castillo de San Gabriel, metido en el mar, en una isla que me da la oportunidad de disfrutar de otros colores, el azul del mar, la arena dorada de la playa y el blanco de las casas. Me quedo con esa idea de la diferencia de los matices de los colores, de los espacios y de la vida. Reviso las imágenes capturadas y me pregunto si reflejan lo que han captado mis pupilas y sobre todo lo que me han hecho sentir. Definitivamente tengo que hacer más fotos.
En el mapa tienes los sitios de los que hablo en esta entrada y en su guía, de los tres volcanes y sus aparcamientos a Las Grietas y Arrecife. Los números solo sirven para localizar cada sitio. En oscuro, los aparcamientos. Pulsa en cada uno para ver qué es. Debajo tienes los enlaces, el álbum fotográfico completo y la información práctica para tu recorrido. Información oficial, consejos y recomendaciones para tu recorrido. Accede al álbum compartido en Google Photos para ver todas las capturas del viaje a Lanzarote a máxima resolución. Comparten aparcamiento junto a la LZ-56, la carretera que baja de Mancha Blanca a Masdache, a la altura del km 4,5. El sendero del Cuervo es circular, de unos 4 km, y se hace en una hora u hora y media. Cruza el malpaís hasta una abertura en la pared del cono por la que se entra al cráter. A Montaña Negra se le da la vuelta por un sendero que sale del mismo aparcamiento. Los dos están en el Parque Natural de los Volcanes, así que no se puede salir de los senderos ni llevarse piedras o ceniza, y hay sanciones. No hay sombra ni agua. Ojo con el acceso. En épocas de mucha gente, como la Semana Santa, el Cabildo ha cerrado este aparcamiento y ha puesto guaguas gratuitas desde la ermita de Los Dolores, en Mancha Blanca, y tiene previsto limitar las visitas con reserva. Conviene mirar cómo está antes de ir. Es el sendero nº 2 de la red de Tinajo. Tiene su propio aparcamiento en la LZ-56, en el km 2,5, muy cerca del del Cuervo. Rodea el cono en una hora, es fácil y tiene paneles explicativos. En su ladera sureste hay una enorme bomba volcánica. Están en la ladera de Montaña Blanca, junto a la LZ-35, entre San Bartolomé y Tías, y no hay ninguna señal. Se aparca en una explanada de tierra al lado de la carretera, se pasa al otro lado por un túnel y un sendero corto sube hasta las grietas. La entrada es libre. Son pasillos estrechos que el agua ha ido abriendo en las capas de las antiguas erupciones. No hay sombra ni agua y el picón resbala, así que mejor con buen calzado. El Charco de San Ginés es la laguna de mar en torno a la que nació el primer barrio de pescadores de la isla, remodelada según un proyecto de César Manrique. Se rodea por una pasarela en unos doce minutos, entre bares y restaurantes. El Castillo de San Gabriel, levantado en el siglo XVI sobre un islote frente a la ciudad, se alcanza por el puente de las Bolas y hoy es el Museo de Historia de Arrecife. Abre de lunes a sábado, de 11 a 17 h, y la entrada cuesta 3 €, gratis para menores de 12 años. Para aparcar, el recinto ferial junto a la playa del Reducto es gratuito, y en el centro hay zona azul. Datos revisados en octubre de 2026. Código ético — Ninguno de los lugares mencionados ha pagado por aparecer en este espacio.
LANZAROTE. LOS COLORES DE LA MONTAÑA Y LA CIUDAD
TRES VOLCANES
DENTRO DEL CUERVO
LAS GRIETAS
ARRECIFE
EL MAPA
GUÍA PRÁCTICA Y ENLACES — DEL MALPAÍS A ARRECIFE
SENDERO VOLCÁN DEL CUERVO
Ficha del sendero del Aula de Naturaleza de Máguez, del Cabildo.
MONTAÑA NEGRA
Ruta, altura y cómo llegar.
MONTAÑA COLORADA
Sendero nº 2 de la red de senderos de Tinajo.
LAS GRIETAS
Cómo llegar y consejos para la visita.
ARRECIFE
Turismo Lanzarote, con el Charco de San Ginés y los castillos.
EL BOTÍN FOTOGRÁFICO COMPLETO
EL VOLCÁN DEL CUERVO Y MONTAÑA NEGRA
MONTAÑA COLORADA
LAS GRIETAS
ARRECIFE
LANZAROTE, ENTRADA A ENTRADA
TU VIAJE A LANZAROTE
Guía práctica de la isla y el recorrido completo
1 · LA LLEGADA
Puerto del Carmen y Playa Chica
2 · LAS MONTAÑAS DE FUEGO
Timanfaya y los viñedos de La Geria
3 · SENDEROS DE LAVA
Cueva de los Verdes, Jameos del Agua, Haría y Teguise
4 · EL NORTE
Caletón Blanco, Mirador del Río y las dunas de Famara
5 · EL SUR
Lago Verde, Los Hervideros, Janubio y Papagayo
6 · LA MONTAÑA Y LA CIUDAD
Del malpaís de Tinajo a Arrecife · Estás aquí
Valle del Loira en bicicleta. Loire à Vélo. Día 4. De Chinon a Saumur
45 km aprox. Coteaux con cuestas ...
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