Croacia Naturales Lagos de Plitvice, Croacia — Lo único poco profundo

Lagos de Plitvice, Croacia — Lo único poco profundo

Los lagos inferiores de Plitvice desde el mirador, con una pasarela de madera cruzando el agua turquesa al pie del cañón
Croacia · Lika 16 lagos Patrimonio UNESCO Ruta C · 8 km

EL CAFÉ

Fui en coche. A mitad de camino paré a tomar un café en un pueblo del que no apunté el nombre. No era un pueblo antiguo. Las casas tenían pocas décadas, pero estaba todo desconchado, como si nadie hubiera vuelto a pintar en muchos años. Enfrente del bar había un parque con un monumento a la amistad entre el pueblo soviético y el yugoslavo. Tenía una estatua, creo que de Tito. Le habían cortado la cabeza. Al levantarme para pagar me fijé en las fachadas. Todos los edificios tenían agujeros de bala. Todos.

Hasta ese día, lo que yo sabía de Yugoslavia cabía en una servilleta. Un mapa del colegio en el que Croacia no existía y todo aquello era una mancha grande del mismo color. Una selección de baloncesto que me sabía de memoria, Petrović, Kukoč, Rađa y Divac. Y un par de discos de Goran Bregović. En nada de eso salían agujeros de bala. Volví al coche y estuve un buen rato conduciendo con la radio apagada. De todo el viaje, es lo que más me impresionó.

LA CENA

Alrededor del parque hay pocos hoteles y muchos carteles de SOBE, que quiere decir habitaciones. Son casas particulares que alquilan cuartos y que, si se les pide, dan de cenar y de desayunar. Yo dormí en una que se llamaba Villa Zora. Llegué a finales de verano, me enseñaron el cuarto y me preguntaron si quería cenar allí. Dije que no. Viajaba solo y tenía la idea, bastante tonta, de que los sitios se conocen cenando fuera. Acabé en una pizzería del montón, con una pizza fina de las que se terminan en cuatro bocados.

A la mañana siguiente entendí lo que me había perdido. El desayuno era de cosas de allí, quesos, embutidos, pan, dulces de la casa y otras que no supe nombrar, y todo estaba buenísimo. Lo compartí con otros huéspedes, cada uno de un país. Servían dos chicas jóvenes que trabajaban en la casa, muy graciosas entre ellas y muy tímidas con los demás. A una le pregunté qué quería decir Plitvice.

—Shallow —me dijo en inglés, y se fue corriendo a la cocina.

Desde el comedor se la oyó reírse con la otra. A lo mejor la pregunta les pareció poco profunda.

EL NOMBRE

Desde el primer mirador se ven los lagos de abajo, encajados en un cañón, con un agua entre verde y azul que no he vuelto a ver en ningún sitio. Es tan clara que se ve el fondo, los troncos caídos, las piedras, los peces. Parece que basta con meter la mano para tocarlo todo. Visto así, el nombre tiene sentido.

Agua turquesa y transparente al pie de unas cascadas finas que caen por una pared de travertino, con el fondo del lago a la vista

Según el parque, viene del arroyo Plitvica, que llevaba poca agua, y aparece escrito por primera vez en 1558. Yo creo que los que se lo pusieron se fiaron también de lo que veían, porque aquí el agua engaña. El Kozjak, el lago más grande, tiene cuarenta y siete metros de fondo, y desde la orilla parece que te va a llegar por la cintura.

Lo mejor es el arroyo. El Plitvica, el de poca agua, el que dio nombre a todo esto, llega al borde del cañón y se tira por el Veliki slap, que es la cascada más alta de Croacia. Abajo se junta con los lagos y nace el río Korana. No está mal para un arroyo que no cubría.

EL MUSGO

Los lagos los ha hecho el musgo. El agua de Plitvice baja tan cargada de cal que la suelta por donde pasa, sobre todo donde salpica. La cal se pega al musgo, el musgo queda enterrado en piedra y encima crece musgo nuevo, que también acaba enterrado. Así, capa a capa, se levantan las barreras de travertino que cortan el valle en escalones y embalsan los dieciséis lagos, doce arriba, entre hayas y abetos, y cuatro abajo, en el cañón. Según el parque, las barreras crecen unos trece milímetros y medio al año. Las que se ven hoy tienen seis o siete mil años, y en mitad del bosque quedan otras de hace más de doscientos mil, de lagos que ya no existen.

Cascada en escalones sobre piedras cubiertas de musgo en el bosque de Plitvice

Que esta piedra la hacen las plantas lo descubrió un botánico croata, Ivo Pevalek, el mismo que en 1920 se fue a Berlín a dar conferencias para pedir que protegieran los lagos. El parque entero lo ha levantado una planta que mide dos dedos.

LAS PASARELAS

Por los lagos se va en pasarelas, tablones de madera tendidos a un palmo del agua. En el siglo XVII los mapas llamaban a esta zona el Jardín del Diablo, porque no había forma de entrar. Los primeros puentes y miradores se pagaron en 1898 con lo que recaudó un concierto, la despedida de la soprano Milka Trnina en el Teatro Nacional de Zagreb, y en agradecimiento le pusieron su nombre a unas cascadas de los lagos inferiores. Se lo pusieron en vida.

Hoy entra casi millón y medio de personas al año, de unos ciento sesenta y tres países, y aquel día parecía que habían venido todas a la vez. Se avanza en fila, al paso del que va delante, sin poder adelantar ni bañarse, con un calor que apretaba.

Un grupo de visitantes camina en fila por una pasarela de madera junto a un lago verde de Plitvice

Llevaba puesto en la cámara el filtro polarizador, que quita los reflejos del agua y deja ver lo que hay debajo. Con él, la cámara ve más hondo que el ojo. Me pasé la mañana fotografiando el fondo de los lagos, los troncos cubiertos de una costra blanca, el sitio exacto donde el agua pasa de verde a azul, los peces de cara a la corriente. Muchos eran truchas, que viven en estos lagos desde siempre, aunque ahora las arrinconan otros peces que alguien trajo de fuera, como el lucio. Fue un buen día de fotos.

Peces nadando en agua transparente sobre un fondo de piedras y un tronco cubierto de una costra clara

Lejos del agua, el parque es bosque en sus tres cuartas partes. En él viven osos, lobos, linces y nutrias. El oso es el logotipo del parque, y en los senderos de los lagos casi no hay papeleras, para que no se acostumbre a buscar comida en la basura. Hay más de mil cuatrocientas plantas distintas, entre ellas más de sesenta orquídeas y tres carnívoras, y en el bosque viejo de Čorkova uvala crece un abeto de más de quinientos años y cincuenta y ocho metros de alto. Aquel día no vi ni un oso ni un abeto famoso. Vi agua.

EL KOZJAK

Por la tarde me dolían las piernas, porque andar despacio y en fila cansa más que andar. Crucé el Kozjak en uno de los barcos eléctricos. A media travesía, con el sol de lado, se ve bajo el agua una línea blanquecina. Es una barrera de treinta y seis metros de alto que hasta hace unos cuatrocientos años partía el Kozjak en dos lagos, y ahora queda seis metros por debajo de la superficie. Desde el barco se ve el borde de un lago que ya no está.

Barco eléctrico lleno de pasajeros navegando por el lago Kozjak, con el bosque detrás

Luego me senté en una piedra de la orilla a ver ir y venir los barcos. Llevaba todo el día sin hablar con nadie.

LA REINA NEGRA

Para los lagos hay otra explicación, y es la que se cuenta allí. Hubo una vez una sequía tan larga que se secó hasta el río Negro. La gente y los animales se morían, y el valle entero rezaba para que lloviera. Entonces bajó del Velebit la Reina Negra, un hada buena, con su séquito, y mandó una tormenta que llenó el valle de lagos. Al primero lo llamaron Prošćansko, de prositi, que es pedir. Agradecidos, le construyeron unos palacios sobre el Kozjak, pero ella se retiró a vivir bajo tierra, junto a los lagos Galovac y Okrugljak, y desde allí siguió cuidando de la gente. Un día el Galovac se desbordó, la gente la llamó asustada y ella salió a la cascada envuelta en una luz mágica para hacer unas promesas. Que vendría gente de todo el mundo a ver los lagos. Que por allí pasarían muchos ejércitos y correría mucha sangre. Y que algún día volvería.

La cascada Galovački buk cayendo a una poza turquesa, con su cartel de madera en primer plano

La gente de todo el mundo la vi en las pasarelas. La sangre la leí al volver. El domingo de Pascua de 1991 la policía croata entró en el parque para desalojar a los rebeldes serbios que lo habían ocupado, y hubo tiros todo el día. Murieron un policía de veintidós años, Josip Jović, y un miliciano serbio. Croacia recuerda a Jović como la primera víctima de su guerra. Después el parque estuvo cuatro años en manos de los rebeldes, y la UNESCO lo tuvo en su lista de patrimonio en peligro hasta 1997.

LO QUE SE PERDIÓ POR EL CAMINO

Aquella mañana, antes de salir, había estado hablando un rato con el dueño de Villa Zora. Hablamos de Yugoslavia y de la guerra. Él era partidario de una Yugoslavia unida, y lo seguía siendo. Decía que había mucho de bueno y que se perdió por el camino. En algún momento me contó que su mujer había muerto. Era bosnia. Yo le escuchaba con lo que llevaba en la servilleta y asentía.

He buscado Villa Zora en internet para poner aquí la dirección y ya no aparece en ningún sitio. Me habría gustado saber qué ha sido de él.

Lo bueno que se perdió por el camino lo tenía yo delante y no lo veía. Aquella selección de baloncesto que me sabía de memoria ganó el Mundial de 1990 en Argentina. Al acabar la final, Divac le quitó a un aficionado una bandera croata y la tiró al suelo. Él ha contado siempre que lo hizo porque aquel triunfo era de Yugoslavia. Petrović lo vio de otra manera, y dejaron de hablarse. En el Europeo de 1991, en Roma, el esloveno Zdovc se marchó a mitad de torneo porque había estallado la guerra en Eslovenia. Petrović se mató en un accidente de coche en 1993, y no les dio tiempo a hacer las paces.

Los discos tampoco eran tan inocentes. Ya en casa leí que Bregović, hijo de padre croata y madre serbia, dice que los años de Tito fueron probablemente la mejor época de su historia, porque fueron años de paz, aunque reconoce que Tito perdió la ocasión de convertir Yugoslavia en un país democrático. El dueño no estaba solo. En una encuesta de Gallup de 2016, ocho de cada diez serbios y casi otros tantos bosnios decían que la ruptura había perjudicado a su país. En Croacia lo pensaba menos de uno de cada cuatro, y más de la mitad creía justo lo contrario.

En el pueblo del café, la guerra seguía en las fachadas, a la vista de cualquiera. En Plitvice no se ve. Está debajo de la postal, igual que la barrera del Kozjak, que solo aparece si el sol da de lado y uno sabe dónde mirar. Para aquel hombre, Yugoslavia era eso, una línea blanca bajo el agua, el borde de algo que ya no está.

Plitvice quiere decir poco profundo. Lo único que estuvo a la altura del nombre fue lo que yo sabía de todo aquello. Un mapa del colegio, cuatro jugadores de baloncesto y un par de discos. Y resulta que hasta los discos sabían más que yo.

EL MAPA

Los lagos de norte a sur, con las dos entradas, los embarcaderos del barco eléctrico y los lagos de la leyenda. La capa de senderos marca los caminos señalizados del parque.

Toca un número para ver la ficha. Rastoke y los dos campings del parque quedan fuera del encuadre. Aleja el mapa para verlos.

1Entrada 1 (Rastovača) y el primer mirador
2Veliki slap
3Lago Kaluđerovac
4Cascadas de Milka Trnina
5Embarcadero P3
6Lago Kozjak
7Embarcadero P2
8Entrada 2 (Hladovina) y Hotel Jezero
9Lago Galovac
10Lago Okrugljak
11Lago Prošćansko
12Rastoke (Slunj)
Camping Korana
Camping Borje

Debajo tienes los enlaces oficiales, el álbum de fotos y la información práctica para la visita.

TIPS E INFORMACIÓN PRÁCTICA

EL BOTÍN FOTOGRÁFICO COMPLETO

El álbum del viaje por Croacia en Flickr, con todas las fotos.

Ver galería

QUÉ ES

Plitvice es un parque nacional (no un parque natural), el más antiguo y el más grande de Croacia. Se declaró en 1949 y está en la lista de Patrimonio Mundial de la UNESCO desde 1979. Tiene casi 300 km², de los que el agua ocupa menos del uno por ciento y el bosque unas tres cuartas partes. Lo forman dieciséis lagos con nombre y otros más pequeños, escalonados y separados por barreras de travertino. Los doce superiores descansan sobre dolomía. Los cuatro inferiores van encajados en un cañón de caliza que termina en el Veliki slap, la cascada más alta del país (78 metros según unas cifras del parque, 87 según otras). Al pie de los lagos nace el río Korana.

ENTRADAS 2026

Adultos — 10 € de enero a marzo y de noviembre a diciembre · 23 € en abril, mayo y octubre · 40 € de junio a septiembre.
Entrada de tarde en verano — 25 € a partir de las 16 h (junio a agosto) o de las 15 h (septiembre).
Estudiantes con carné — 6 € · 14 € · 25 € (15 € la de tarde).
Niños de 7 a 18 años — 4 € · 6 € · 15 € (9 € la de tarde). Menores de 7, gratis.
Entrada de dos días seguidos (adultos) — 15 € · 39 € · 60 €.

Incluye el barco eléctrico del lago Kozjak, el tren panorámico y el seguro de visitante. El aparcamiento va aparte.

CÓMO SE COMPRAN

En la web de venta del parque se elige día, acceso y franja horaria. Hay un número limitado de entradas por hora y por acceso, y en verano las buenas franjas vuelan. La entrada no se puede cambiar ni devolver, y solo vale para el acceso y la hora elegidos. Si no se han agotado, también se venden en las taquillas de la Entrada 1, la Entrada 2 y el acceso auxiliar Flora.

HORARIO

Abierto los 365 días del año, con horario según la temporada. En octubre de 2026 los accesos abren de 7 a 18 h y la venta en taquilla cierra a las 15 h. Con el cambio al horario de invierno, a finales de octubre, el parque abre a las 8 y el horario se acorta. En invierno cierran casi todos los servicios y algunos senderos pueden cerrarse por nieve o hielo. Conviene mirar la web el día antes.

QUÉ RUTA ELEGIR

El parque las llama programas y están señalizados desde cada entrada.
Desde la Entrada 1 — A (2 a 3 h, solo lagos inferiores) · B (3 a 4 h, con barco y tren) · C (4 a 5 h, unos 8 km, lagos inferiores y superiores).
Desde la Entrada 2 — E (2 a 3 h, lagos superiores) · F (3 a 4 h) · H (4 a 6 h, unos 9 km, todo el sistema).
K1 y K2 — 6 a 8 h, la vuelta completa a pie desde cualquiera de las dos entradas.
Si solo hay un día, la C o la H.

PARA HACER FOTOS SIN TANTA GENTE

Entra en la primera franja de la mañana o con la entrada de tarde, y evita de 10 a 15 h. Abril, mayo y octubre traen más agua, menos gente y entrada más barata. Un filtro polarizador ayuda mucho a quitar los reflejos y a sacar el fondo de los lagos. Para fotografiar por gusto no hace falta ningún permiso. Los drones están prohibidos.

CÓMO LLEGAR

En coche — unos 130 km desde Zagreb (algo más de 2 h) y unos 120 km desde Zadar (unas 2 h), por la carretera D1, que pasa junto a las dos entradas. El aparcamiento se paga al salir — 2 €/hora de junio a septiembre y 1,50 €/hora en primavera y otoño.
En autobús — hay líneas directas desde Zagreb y desde Zadar que paran en la Entrada 1 y en la Entrada 2. Avisa al conductor de dónde te bajas.

DÓNDE DORMIR

Dentro del parque, en 2026 solo funciona el Hotel Jezero, junto a la Entrada 2. Los hoteles Plitvice y Bellevue están en obras de renovación. El parque gestiona también los campings Korana y Borje. Si duermes en el Jezero, en recepción te alargan la entrada de un día.

Fuera, lo de siempre en Lika — sobes, habitaciones en casas particulares, muchas con desayuno o cena por encargo. Si te ofrecen la cena, di que sí. Las hay en Mukinje y Jezerce, a un paseo de la Entrada 2, y en Plitvica Selo y Rastovača, junto a la Entrada 1. Villa Zora, la casa donde dormí, ya no aparece en ninguna web. Existió, doy fe, pero no he podido encontrar qué fue de ella.

NORMAS QUE CONVIENE SABER

Prohibido bañarse en los lagos. No se puede salir de los senderos ni de las pasarelas. Los perros, siempre con correa, también en el barco y en el tren.

NATURALEZA

Fauna — osos pardos, lobos, linces y nutrias, todos estrictamente protegidos. 168 especies de aves, 22 de murciélagos y 321 de mariposas. En los lagos, la trucha común y dos cangrejos de río amenazados.
Flora — más de 1.400 plantas, más de 60 orquídeas y tres carnívoras (drosera, grasilla y utricularia). El bosque virgen de Čorkova uvala, de 84 hectáreas, guarda un abeto de más de 500 años y 58 metros de alto.

CURIOSIDADES

En los mapas del siglo XVII la zona aparecía como el Jardín del Diablo (Vražji vrt), porque no había manera de entrar.

En 1962 se rodó aquí El tesoro del lago de plata, la primera película de Winnetou, y el lago Kaluđerovac hizo de lago del Oeste americano.

Las barreras de travertino crecen unos 13,5 mm al año, así que Plitvice cambia de forma, despacio, todo el tiempo.

Bajo el lago Kozjak, a seis metros de profundidad, hay una barrera sumergida de 36 metros que lo dividía en dos lagos hasta hace unos 400 años. Desde el barco eléctrico se ve en días de sol.

Las cascadas de Milka Trnina, en los lagos inferiores, llevan el nombre de la soprano que pagó en 1898 los primeros puentes y miradores con su concierto de despedida.

En la península entre el Kozjak y el lago Gradinsko están las ruinas de Krčingrad, un castillo del siglo XIII con una torre triangular.

CERCA DE PLITVICE

Rastoke, en Slunj, a media hora al norte, es un pueblo de molinos de agua construido sobre las cascadas del río Slunjčica, donde se junta con el Korana.

EL VIAJE, ENTRADA A ENTRADA

Código ético — Ninguno de los establecimientos mencionados ha pagado por aparecer en este espacio.
Datos revisados en octubre de 2026 en la web oficial del parque.

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