Enrique II de Inglaterra murió en la fortaleza de Chinon en julio de 1189, y desde allí se llevaron su cuerpo a Fontevraud para enterrarlo. Hoy hago más o menos el mismo camino. En bicicleta y, de momento, vivo.
Me duele el culo. Llevo tres días buscando una manera más literaria de decirlo y no la encuentro. También me pesan las rodillas, y desde ayer se me duermen los dedos de la mano izquierda cuando paso mucho tiempo agarrado al manillar. Nada grave. Lo justo para no olvidar en ningún momento que tengo cuerpo.
Es la penúltima etapa. La parte de mí que duele lo celebra, y tiene sus motivos. El resto prefiere no contar lo que queda.
Cargo las alforjas, compruebo la presión de las ruedas y me pongo en marcha. Por la calle solo se ven repartidores. Paso por debajo de la fortaleza donde murió el rey sin levantar la cabeza. Ayer ya subí hasta allí, y hoy tengo las piernas comprometidas con otras cuestas.
Salgo de Chinon siguiendo el Vienne. A un lado, el agua. Al otro, las viñas de las que sale el Chinon que me tomé anoche con la cena. Me duró diez minutos. Esta mañana veo la ladera entera plantada de cepas, cuesta arriba, y me parece que no le presté la atención que merecía.
En Candes-Saint-Martin el Vienne entra en el Loira y pierde el nombre. Durante unos metros todavía se distinguen las dos aguas, una algo más oscura que la otra. Luego la corriente las mezcla y ya no hay forma de saber cuál era cuál.
Yo llego detrás. Traigo ensayada desde anoche la cara de no haber roto un plato. El Loira pasa por delante sin mirarme. Es un río.
Pienso en mis fotos. Acabarán como el Vienne, metidas en ese río enorme de imágenes del Loira donde ya nadie distingue quién hizo cuál. Me pregunto para qué las hago, y me incomoda que la pregunta aparezca tan temprano, con casi toda la etapa por delante.
Candes sube desde el río en calles cortas y empinadas. Las casas, con sus tejados de pizarra, son blancas, pero no del blanco que yo conozco. Aquí nadie encala. Es la propia piedra, la toba, que ya sale así de la cantera. Subo con la bici de la mano. Montado no llegaría, y empujando tampoco voy sobrado.
Arriba está la colegiata, levantada donde murió san Martín en el año 397. Los de Tours y los de Poitiers se disputaron el cuerpo, y los de Tours lo resolvieron por la vía rápida. Esperaron a que los otros se durmieran, lo sacaron por una ventana y remontaron el Loira en barca hasta su ciudad. Dice la leyenda que a su paso florecieron los árboles de las orillas, en pleno noviembre, y hay quien sostiene que de ahí viene lo del veranillo de San Martín.
Yo solo me llevo fotos. Al lado de aquello, lo mío es de aficionado.
Dentro de la colegiata hace fresco. Me siento en un banco y tardo en levantarme.
Desde el mirador, la confluencia se entiende de un vistazo. Parece un dibujo de libro de texto. El Vienne llega por un lado, se mete en el Loira y el pueblo se queda en la esquina, con los campos detrás. Hago fotos. Al cabo de unas cuantas descubro que estoy repitiendo la misma con distinto zoom, y guardo la cámara.
Me desvío hacia Fontevraud, unos kilómetros tierra adentro. El camino se aleja del río entre campos, y durante un buen tramo no me cruzo con nadie. Es la primera vez en lo que va de día que el silencio me pesa.
La abadía se recorre como un barrio. Tiene claustros, patios, jardines y unas cocinas románicas con el tejado lleno de chimeneas. Durante siglos esto fue una ciudad monástica, con sitio para rezar, para trabajar y para todo lo que queda en medio, que es casi toda la vida. Tuvo una importancia enorme y estuvo muy ligada a los Plantagenet, que la eligieron para enterrarse.
Después llegó la Revolución, echó a monjas y monjes, y en 1804 Napoleón convirtió la abadía en cárcel. Lo siguió siendo hasta 1963. Hubo gente que pasó media vida entre estos muros. Primero por Dios. Después, por orden de un juez.
En la iglesia están los yacentes de los Plantagenet, uno junto a otro. Enrique II, Leonor de Aquitania, Ricardo Corazón de León e Isabel de Angulema. Enrique tuvo a Leonor encerrada quince años. Ricardo se alió con el rey de Francia contra su padre, y Enrique murió en Chinon dos días después de rendirse. Ahora descansan a un metro unos de otros, sin rencor aparente.
Leonor sostiene un libro entre las manos.
—¿Qué lee? —le pregunta en francés una niña a su madre.
La madre se inclina sobre la piedra, como si de cerca pudiera distinguirse alguna letra.
—La Biblia, seguramente. —¿Entera?
La madre no contesta.
Yo anoche no leí ni una línea. Me quedé dormido con el mapa abierto encima de la colcha.
Le hago una foto a Leonor. Me tiemblan las manos de tantas horas de manillar y sale movida. Ella lleva ocho siglos quieta. En la foto, el único que se ha movido soy yo.
Recojo la bici y vuelvo hacia el río. Paso otra vez por Candes y sigo hasta Montsoreau, que está al lado. El castillo aparece al borde del agua, con los cimientos casi dentro del Loira. Hoy, sin embargo, me interesa más el pueblo.
Ato la bici a una farola y echo a andar por la Rue de Commerce. Los primeros minutos me vuelvo a mirarla cada dos por tres. Después me olvido de ella.
Las casas de la calle son de toba, con puertas viejas, flores en las ventanas y alguna tienda pequeña. Voy parando sin un plan claro, delante de una fachada, de una ventana abierta, de una bicicleta que no es la mía apoyada en una pared. En la terraza de un bar, sin nadie alrededor, hay dos vasos a medio beber sobre una mesa.
Uno de los vasos está demasiado cerca del borde y me estropea el encuadre. Miro a un lado y a otro. No viene nadie. Lo muevo un palmo hacia el centro y disparo. Me sale la mejor foto de la mañana, y la consigo haciendo trampa.
Me alejo pensando en quien vuelva a por esos vasos. Encontrará uno donde no lo dejó y nunca sabrá por qué. No es gran cosa, un vaso. Pero no era mío.
En otros pueblos del Loira estas casas serían un museo. Aquí tienen la ropa tendida, y lo prefiero a cualquier restauración de catálogo.
El castillo, que es del siglo XV, funciona hoy también como museo de arte contemporáneo y guarda la mayor colección del movimiento Art & Language. Muchas de sus obras están hechas de palabras, textos enmarcados y colgados en la pared igual que si fueran cuadros. Recorro las salas con la cámara en la mano, sin saber muy bien qué hacer con ella. Una frase no se deja fotografiar. Se deja leer, y ya está.
Desato la bici. Para llegar a Saumur se puede seguir la orilla o subir por los coteaux, las laderas que van por encima del río entre viñas, casas trogloditas y carreteras estrechas. Por arriba son unos doce kilómetros. Las piernas prefieren la orilla. La cámara, las laderas. Gana la cámara, como siempre, y pagan las piernas.
La primera cuesta de verdad tiene su señal. Ocho por ciento. Escrito parece poca cosa. A mitad de subida me adelanta una señora de pelo blanco en bicicleta eléctrica y me da los buenos días en francés, con la respiración intacta. Le contesto con un ruido que no llega a palabra. Cien metros más arriba me bajo y empujo. No es la primera vez en este viaje.
La ladera está llena de puertas, ventanas y entradas de bodega abiertas en la toba. Algunas puertas tienen buzón. Hay gente viviendo dentro de la montaña, y el cartero lo sabe. Todo esto fueron canteras. De aquí se sacó piedra para levantar casas y castillos, y las galerías que quedaron se aprovecharon después como viviendas, bodegas o champiñoneras.
Entro en una champiñonera. Dentro hace unos trece grados y el sudor de la cuesta se me enfría de golpe en la espalda. Las galerías se adentran en la roca mucho más de lo que parece desde fuera. A los lados, en bandejas y sacos, crecen champiñones de París, pleurotos y shiitakes, a oscuras, sin enterarse de qué hora es.
Un hombre con botas de agua me explica cómo funciona el cultivo. Cuando ya me voy, me pregunta si sé por qué se llaman champiñones de París.
—Porque vienen de allí, supongo. —Venían —me corrige—. Se cultivaban en las canteras de debajo de París. Cuando empezaron a construir el metro, los echaron. Muchos acabaron aquí.
Lo cuenta con orgullo. Le doy las gracias y salgo otra vez al calor.
El castillo de Saumur asoma primero entre los tejados y después entero, arriba, sobre la ciudad. Lo reconozco sin haberlo visto nunca. Sale en Les Très Riches Heures du Duc de Berry, en la página de septiembre, con la vendimia en primer plano y el castillo al fondo. Seiscientos años después la silueta apenas ha cambiado, y en los alrededores todavía hay viñas.
Me gustaría pensar que el miniaturista también hizo alguna trampa. Que subió un poco una torre o aclaró una fachada para que la página quedara mejor. Me sentiría acompañado. Aunque la hiciera, lo del vaso seguiría siendo cosa mía.
Dejo la bicicleta en el hotel, en el cuarto donde guardan las de los clientes. En esta ciudad deberían llamarlo cuadra. Luego salgo a caminar.
Saumur está llena de caballos. Aparecen en las estatuas, en los escaparates, en los carteles, en las tazas de las tiendas de recuerdos. En media hora de paseo cuento más de diez y ninguno respira. Todos remiten al Cadre Noir, la escuela que ha hecho famosa a la ciudad y la cara más conocida de la equitación de tradición francesa, que la UNESCO inscribió en 2011 en la Lista Representativa del Patrimonio Cultural Inmaterial de la Humanidad. La escuela está fuera del centro, en Saint-Hilaire-Saint-Florent. No voy. Para ir tendría que volver a subirme a la bicicleta, y eso hoy no va a pasar.
Al caer la tarde cruzo a la isla de Offard. Desde allí el castillo gana mucho. La colina, la piedra, las torres y los tejados quedan ordenados sobre el Loira, y la última luz le da a la fachada un color que unas horas antes no tenía.
En la orilla, un chaval intenta que un perro se meta en el agua. El perro no quiere. Por la cara de los dos, llevan así desde antes de que yo llegara.
Hago la foto que hace todo el mundo desde aquí. La miro en la pantalla y no le encuentro ningún defecto. Eso me fastidia, y no debería.
Ceno cerca del centro. Pido pescado y una copa de Saumur Brut. El pescado viene con una salsa de mantequilla. Yo soy de aceite, pero no dejo ni rastro. El Brut se hace en bodegas excavadas en la misma toba que la champiñonera. Me parece un buen uso de la oscuridad. Los tintos de la zona salen de las laderas que he subido empujando la bici.
La conversación más larga del día, pienso mientras ceno, la he tenido con un hombre que cultiva champiñones.
Saco el móvil para apuntar cuatro cosas del día. Escribo dos. Al poco caigo en que llevo un buen rato mirando cómo suben las burbujas de la copa.
De vuelta al hotel fotografío una puerta cualquiera, verde, sin nada que la distinga de las demás. Conozco el síntoma. Aparece siempre al final de los viajes, cuando cualquier cosa empieza a parecer que la veo por última vez.
El Londres está en la Rue d'Orléans, a pocos minutos del centro, y tiene el distintivo Accueil Vélo. Después de varios días en bicicleta eso significa algo muy concreto. Un sitio a cubierto para la bici y nadie en recepción que te mire raro cuando entras con el casco en la mano y las alforjas al hombro.
Mañana, Angers. La última etapa.
Antes de apagar la luz repaso las fotos del día. Están bien encuadradas, limpias, tranquilas. Parecen de un viaje sin esfuerzo, y este no lo ha sido. En ninguna se nota el ocho por ciento, ni el sillín, ni la señora de la bicicleta eléctrica. Solo en la de Leonor, movida por culpa de mis manos, se ve que estaba cansado.
Técnicamente no sirve para nada. No la borro.
En el mapa tienes las paradas de este cuarto día. Sale de Chinon junto al Vienne hasta Candes-Saint-Martin, se desvía a Fontevraud, vuelve al Loira en Montsoreau y sube por los coteaux hasta Saumur.
Los números marcan el orden de paso. Por debajo asoman las rutas ciclistas señalizadas de la zona.
Debajo tienes los enlaces oficiales, el álbum fotográfico completo y la información práctica para tu recorrido.
Información oficial, consejos y recomendaciones para la ruta. Accede al álbum compartido en Google Photos para explorar todas las capturas de esta etapa a máxima resolución. Chinon → Candes-Saint-Martin (junto al Vienne) → Fontevraud-l'Abbaye (desvío de ida y vuelta) → Candes-Saint-Martin → Montsoreau → Saumur (por los coteaux). Total — unos 45 km. Chinon queda fuera del trazado principal de la Loire à Vélo, que va por el Véron, entre el Loira y el Vienne. Desde Candes o desde Montsoreau sale un enlace de 6 km por carreteras pequeñas hasta Fontevraud. De Candes a Saumur la etapa oficial tiene 17 km, y desde Montsoreau hay dos opciones. Por los coteaux, unos 12 km entre viñas y casas trogloditas, con cuestas serias entre Turquant y Parnay y llegada al pie del castillo. O por la orilla, en vías verdes y casi llano, que es lo que la web oficial aconseja a las familias. Forma parte de Les Plus Beaux Villages de France, igual que Montsoreau, que está pegado. Lo mejor es subir a pie por el casco antiguo hasta el mirador sobre la confluencia del Vienne y el Loira. La colegiata de Saint-Martin, levantada donde murió el santo, es su gran monumento. Desde Montsoreau salen paseos de hora y media en barcas tradicionales del Loira. Entrada 13 €. Reducida 7,50 € (estudiantes y demandantes de empleo). Gratis para menores de 18. Abre todo el año salvo el 25 de diciembre y el 1 de enero, con horario según la temporada. Hay que calcular unas 2 horas. Tiene aparcamiento para bicis. Web — fontevraud.fr Adultos 12 €, de 5 a 18 años 8 €, gratis para menores de 5. Abre todos los días. En otoño, de 12 a 18 h. Guarda la mayor colección del mundo del movimiento Art & Language. Web — chateau-montsoreau.com Adultos 8,50 €, niños 6,50 €. En 2026 abre del 7 de febrero al 11 de noviembre, todos los días de 10 a 18 h. Dentro se está a unos 13 ºC, así que conviene llevar algo de abrigo aunque fuera haga calor. Web — troglo-sautauxloups.com Entrada 9,50 €. En 2026 abre del 7 de febrero al 31 de diciembre. En julio y agosto, todos los días de 10 a 19 h. De abril a junio y en septiembre, de martes a domingo de 10 a 18 h. El resto de la temporada, de martes a domingo de 10 a 13 h y de 14 a 17.30 h. Aparece en la página de septiembre de Les Très Riches Heures du Duc de Berry. La mejor vista es desde la isla de Offard, al otro lado del Loira, a última hora de la tarde. Web — chateau-saumur.fr La escuela está en Saint-Hilaire-Saint-Florent, a las afueras de Saumur. La visita guiada clásica cuesta 9 € (7 € para menores de 12). Las «Matinales», una hora viendo cómo se trabaja con los caballos jóvenes, 22-23 € según la temporada. En 2026 hay visitas del 12 de febrero al 2 de noviembre. Web — cadrenoir.fr Por aquí aparecen dos nombres todo el rato. El Saumur-Champigny, tinto de cabernet franc de los coteaux de alrededor de Saumur. Y el Saumur Brut, espumoso de método tradicional que se cría en bodegas excavadas en la toba. Varias casas históricas de espumosos tienen sus cuevas abiertas a visitas en Saint-Hilaire-Saint-Florent. Web — ot-saumur.fr Hôtel Le Londres — 48 rue d'Orléans, 49400 Saumur. Teléfono 02 41 51 23 98. Web — lelondres.com. En el centro, con el distintivo Accueil Vélo y garaje para las bicis con un pequeño taller de reparación. Datos revisados en octubre de 2026. Código ético — Ninguno de los establecimientos mencionados ha pagado por aparecer en este espacio.
La ventana de la habitación da al Vienne. A primera hora el río está gris y quieto. En el muelle, un hombre seca con un trapo los bancos de una de las barcas turísticas, uno por uno, aunque nadie va a subir hasta dentro de un par de horas. Me quedo mirándolo un rato largo, y sospecho que lo hago para retrasar el momento de volver a sentarme en el sillín.
POR EL VIENNE
UN SANTO POR LA VENTANA
LOS YACENTES DE FONTEVRAUD
UN VASO EN MONTSOREAU
POR LOS COTEAUX
SAUMUR
EL MAPA DE LA RUTA
GUÍA PRÁCTICA Y ENLACES — DÍA 4
LA LOIRE À VÉLO
Web oficial de la ruta, con los tramos, las variantes y los alojamientos Accueil Vélo.
ABBAYE ROYALE DE FONTEVRAUD
Horarios, entradas y exposiciones de la abadía de los Plantagenet.
CHÂTEAU DE MONTSOREAU
Museo de arte contemporáneo en el castillo a orillas del Loira.
CHÂTEAU DE SAUMUR
Horarios y entradas del castillo que sale en Les Très Riches Heures.
CADRE NOIR DE SAUMUR
Visitas guiadas y presentaciones de la escuela de equitación.
EL BOTÍN FOTOGRÁFICO COMPLETO
LA RUTA DEL DÍA
CANDES-SAINT-MARTIN
ABBAYE ROYALE DE FONTEVRAUD
CHÂTEAU DE MONTSOREAU – MUSÉE D'ART CONTEMPORAIN
CHAMPIGNONNIÈRE DU SAUT-AUX-LOUPS (MONTSOREAU)
CHÂTEAU DE SAUMUR
CADRE NOIR
VINOS
DÓNDE DORMIR EN SAUMUR
LAS CINCO ETAPAS DEL LOIRA EN BICI
DÍA 1
De Blois a Amboise
DÍA 2
De Amboise a Villandry
DÍA 3
De Villandry a Chinon
DÍA 4
De Chinon a Saumur · Estás aquí
DÍA 5
De Saumur a Angers
Hay una cosa de este viaje que todavía no he contado. La ruta lleva el nombre del Loira, y el tercer día lo paso casi entero con otros ríos. Una hora con él por la mañana, otra por la tarde, y lo demás con el Indre y con el Vienne. Lo planeé así en casa, con el mapa abierto en la mesa de la cocina. Sobre el papel parecía una cuestión de kilómetros. Encima de la bici, es ponerle los cuernos al río que da nombre a la ruta.
Para empezar, el día arranca en el jardín del amor de Villandry, que no es el mejor sitio para alguien con planes como los míos. Los jardines de este castillo los recuperó un español, Joachim Carvallo, que lo compró en 1906 cuando estaba a punto de venirse abajo. En el del amor, el boj está recortado en cuatro dibujos, uno por cada manera de querer. Corazones y llamas para el tierno. Un laberinto para el apasionado. Para el trágico, hojas de espada y de puñal, rodeadas en verano de flores rojas que recuerdan la sangre de los duelos. Y para el voluble, abanicos, cartas de amor y cuernos, entre flores amarillas, el color de la traición. Me quedo plantado frente a este último. Es el mío.
Luego cojo la carretera que corre sobre el dique, pegada al Loira. Aquí al río lo tienen cercado de diques desde la Edad Media, porque tiene mal carácter y en cada crecida se sale de madre. Visto desde lo alto es inmenso. Tiene islas de arena en mitad del cauce, y la orilla de enfrente queda tan lejos que los árboles parecen de otro país.
Me da el viento de cara y en lo alto del dique no hay dónde esconderse. Una hora entera pedaleando encorvado, con los muslos ardiendo desde el principio. Si fuera con más gente, alguien tiraría delante y yo me pegaría a su rueda. Como voy solo, el viento es todo para mí y no puedo culpar a nadie. A mitad de camino se me pasa por la cabeza dar la vuelta. Me avergüenza haberlo pensado con menos de quince kilómetros en las piernas.
En Bréhémont la ruta oficial continúa por el dique, sin apartarse del Loira. Un cartel más modesto señala Azay-le-Rideau, valle del Indre arriba. Tuerzo hacia allí.
El Indre es estrecho y perezoso, y aquí no hay dique que se interponga. El camino lo sigue casi a la altura del agua y, entre los árboles, el viento deja de existir. Primero noto alivio. Luego, culpa por el alivio.
En este valle situó Balzac El lirio en el valle, donde un muchacho se enamora de una mujer casada. Lo escribió en parte en Saché, que está a un paso. Así que aquí ya se venía con malas intenciones mucho antes de que llegara yo.
El castillo de Azay-le-Rideau se levanta sobre una isla del Indre, con el agua lamiéndole los cimientos y un estanque delante que lo copia boca abajo. Lo encargó en 1518 Gilles Berthelot, que era tesorero del rey y apenas aparecía por allí. Quien dirigió la obra fue su mujer, Philippe Lesbahy. En 1527, con la casa sin acabar, él tuvo que salir del país por un lío con las cuentas del reino, y el rey se la quedó. En el interior han rehecho la habitación de ella. Para mi gusto es la mejor de todas, y me parece de justicia.
A media tarde, cerca de Rigny-Ussé, regreso al Loira. Ya no sopla, y el agua tiene color de plomo. Pedaleo junto a él un buen rato, sin atreverme a mirarlo de frente.
Ussé, el castillo que según la tradición inspiró La bella durmiente, guarda una boda muy a propósito. En 1462, su señor, Antoine de Bueil, se casó con Jeanne de Valois, una hija que Carlos VII había tenido con su amante, Agnès Sorel. Ella aportó una dote de cuarenta mil escudos de oro. A la reina, que yo sepa, nadie le pidió opinión.
Sobre la terraza crecen dos cedros del Líbano, regalo de Chateaubriand en 1808 a la duquesa de Duras, esposa del propietario de aquellos años. El cartel no explica por qué. Después de todo el día dándole vueltas a lo mismo, ya desconfío de cualquier regalo.
Cuando cae la tarde abandono el Loira por segunda vez, y ahora para dormir con otro. Chinon queda en el Vienne, con la fortaleza alargada sobre la roca y las casas amontonadas al pie. La cuesta la hago andando, con la bici al lado, cincuenta y tantos kilómetros en las piernas y el viento de la mañana metido todavía en los huesos.
En la fortaleza se recuerda al delfín Carlos, el mismo de la boda de Ussé. En 1429 andaba por aquí sin corona, y media Francia murmuraba que no era hijo de su padre. El tratado de Troyes lo había apartado de la sucesión, y detrás vino el rumor de que era bastardo. Ese año se presentó Juana de Arco para empujarle a coronarse en Reims. Lo que hablaron a solas no se sabe. Algunos historiadores piensan que le quitó esa duda de encima. O sea, que unos cuernos que nadie pudo probar estuvieron a punto de dejar a Francia sin rey. Y aquel mismo hombre, años después, casó a una hija bastarda con el señor del castillo de al lado.
De noche, en la habitación del hotel, despliego el mapa sobre la colcha. El Cher desemboca en el Loira al lado de Villandry. El Indre, pasado Ussé. El Vienne, mañana, en Candes. Todos los ríos con los que me he ido estos días terminan en él. Uno puede irse con quien quiera, que el Loira acaba recogiéndolo todo.
Mañana bajo con el Vienne hasta Candes, donde los dos se juntan. Voy a llegar con cara de no haber roto un plato.
En el mapa tienes el recorrido en bici de este tercer día. Sale de Villandry por el dique del Loira hasta Bréhémont, sube por el valle del Indre hasta Azay-le-Rideau, vuelve al Loira en Rigny-Ussé y termina en Chinon, a orillas del Vienne.
Los números marcan el orden de paso. Por debajo asoman las rutas ciclistas señalizadas de la zona. Debajo tienes los enlaces oficiales, el álbum fotográfico completo y la información práctica para tu recorrido. Información oficial, consejos y recomendaciones para la ruta. Accede al álbum compartido en Google Photos para explorar todas las capturas de esta etapa a máxima resolución. Villandry → Bréhémont (dique del Loira, por la D16) → Azay-le-Rideau (valle del Indre) → Rigny-Ussé → Chinon. Total — unos 55 km, llanos. Entre Villandry y Bréhémont la Loire à Vélo va por la D16, compartida con coches. La variante de Bréhémont a Azay-le-Rideau está señalizada, pero la web oficial la aconseja a ciclistas con experiencia por el tráfico. Azay-le-Rideau tiene estación en la línea Tours–Chinon, con unos ocho trenes al día que admiten bicis. Castillo y jardines, 14 €. Solo jardines, 8,50 €. De 8 a 18 años y estudiantes menores de 26, 8 € y 5,50 €. Gratis para menores de 8. La terraza de la torre del homenaje entra en la visita del castillo. Con la entrada de jardines se puede subir al belvedere del bosque, que también tiene buenas vistas. Abre a las 9 h de febrero a noviembre y tiene el distintivo Accueil Vélo. Web — chateauvillandry.fr 16 € de abril a septiembre y 13 € de octubre a marzo. Gratis para menores de 18 y para ciudadanos de la UE de 18 a 25 años. El primer domingo de mes, de noviembre a marzo, la entrada es gratuita. La visita lleva más o menos hora y media. Web — azay-le-rideau.fr Adultos 14,50 €, de 8 a 16 años 7,50 €, gratis para menores de 8. En 2026 abre hasta el 15 de noviembre, de 10 a 19 h de abril a septiembre y de 10 a 18 h en octubre y noviembre. Visita libre, sin guía. Sigue siendo de la familia Blacas, que lo heredó en 1885 y vive en una parte. Tiene el distintivo Accueil Vélo. Web — chateaudusse.fr Entrada 12,50 €. Reducida 10,50 € (de 7 a 18 años, estudiantes y familias numerosas). Gratis para menores de 7. El HistoPad va incluido. Abre todos los días salvo el 1 de enero y el 25 de diciembre, de 9.30 a 19 h de mayo a agosto, hasta las 18 h en marzo, abril, septiembre y octubre y hasta las 17 h el resto del año. Tiene aparcamiento seguro para bicis y kit de reparación. Web — forteressechinon.fr La oficina de turismo de Tours vende pases digitales válidos durante un año. El «Renaissance», con Azay-le-Rideau y Villandry, cuesta 28 €. «Les Authentiques», con Chinon, Azay-le-Rideau, Villandry y Langeais, 48 €. Web — tours-tourisme.fr La AOC Chinon es sobre todo tinto de cabernet franc, el breton de la zona. Muchas bodegas abren sus cuevas para visitas y catas, y la oficina de turismo tiene el listado. Web — azay-chinon-valdeloire.com Hôtel Le Plantagenêt — 12 place Jeanne d'Arc, 37500 Chinon. Teléfono 02 47 93 36 92. Web — hotel-plantagenet.com. Casa del siglo XIX frente a la plaza Jeanne d'Arc, junto a la ciudad medieval, con el distintivo Accueil Vélo. Datos revisados en octubre de 2026. Código ético — Ninguno de los establecimientos mencionados ha pagado por aparecer en este espacio.
EL LOIRA, POR LA MAÑANA
EL INDRE
EL LOIRA, OTRA VEZ
EL VIENNE
EL MAPA DE LA RUTA
GUÍA PRÁCTICA Y ENLACES — DÍA 3
LA LOIRE À VÉLO
Web oficial de la ruta, con los tramos, las variantes y los alojamientos Accueil Vélo.
CHÂTEAU ET JARDINS DE VILLANDRY
Horarios y entradas del castillo y de sus jardines.
CHÂTEAU D'AZAY-LE-RIDEAU
Horarios y reservas del castillo levantado sobre el Indre.
CHÂTEAU D'USSÉ
Horarios y precios del castillo de La bella durmiente.
FORTERESSE ROYALE DE CHINON
Entradas y horarios de la fortaleza sobre el Vienne.
EL BOTÍN FOTOGRÁFICO COMPLETO
LA RUTA DEL DÍA
SI EL DÍA SE HACE LARGO
CHÂTEAU ET JARDINS DE VILLANDRY
CHÂTEAU D'AZAY-LE-RIDEAU
CHÂTEAU D'USSÉ
FORTERESSE ROYALE DE CHINON
PASES DE CASTILLOS
VINO DE CHINON
DÓNDE DORMIR EN CHINON
LAS CINCO ETAPAS DEL LOIRA EN BICI
DÍA 1
De Blois a Amboise
DÍA 2
De Amboise a Villandry
DÍA 3
De Villandry a Chinon · Estás aquí
DÍA 4
De Chinon a Saumur
DÍA 5
De Saumur a Angers
Duele. No hace falta ser más elegante que eso. Los primeros movimientos de la mañana, antes del café, tienen la textura exacta del día después de ochenta kilómetros de sillín, y no hay metáfora que lo mejore demasiado. Trago dos pastillas con un café hirviendo y me quemo la lengua.
El camino se aleja pronto del río y sube por el coteau, entre las cepas de los viñedos de Vouvray, que a esta hora conservan todavía el peso entero del rocío. La subida no es larga pero llega en el peor momento posible, con las piernas de ayer todavía sin reponerse del todo, y la maldigo en voz baja sin que me oiga nadie.
Desde arriba se ve el valle entero. El Loira con sus bancos de arena. Y en el acantilado de toba, al otro lado, una hilera de agujeros oscuros con puertas y contraventanas encajadas directamente en la roca. Alguien vive ahí, en una vivienda troglodita con antena parabólica incluida, aunque desde esta distancia no hay forma de saber quién. Me quedo mirando más de la cuenta.
La bajada de vuelta al río es rápida y no exige nada de mí salvo sujetar el manillar. Los últimos kilómetros antes de Tours se hacen bajo un túnel de árboles que cierra el cielo casi del todo. El aire cambia de temperatura antes que el paisaje, unos grados de golpe, y durante un rato no hay más sonido que el de la rueda delantera sobre tierra compactada.
Tours llega antes por el ruido que por la vista. El tráfico se oye dos curvas antes de que aparezca el puente. Cruzo el puente Wilson entre coches y me equivoco de carril en la rotonda del otro lado, lo cual provoca un bocinazo breve y del todo justificado. Levanto la mano a modo de disculpa. El conductor no me la devuelve. Tiene razón.
La Place Plumereau está a media faena cuando llego. Los camareros sacan las últimas sillas de dentro, alguien barre bajo una mesa sin levantarla, un gato duerme justo en el centro de una silla y nadie parece dispuesto a moverlo por ahora. Pido un Vouvray. Tarda. Llega tibio, casi caliente, y no digo nada, ni al camarero ni, hasta este momento, a mí mismo. Hay una cobardía social muy concreta en no devolver una copa de vino, y la admito de mala gana.
Me quedo el tiempo que dura la copa y un poco más. No pasa nada digno de mención en esa media hora. Está bien que así sea. No todo tiene por qué convertirse en algo.
Cruzar Tours en bici es otro asunto. Pasos de cebra, glorietas pequeñas, el carril que aparece y desaparece sin avisar en tres calles distintas. Salgo de la ciudad aliviado, y me sienta un poco mal alegrarme tanto de dejar un sitio tan bonito.
El Cher es un río de otro tamaño y otro carácter. Más estrecho, más oscuro, con los álamos de las dos orillas casi tocándose por arriba en algunos tramos. Hace más fresco aquí. Se nota antes en los brazos que en cualquier otra parte del cuerpo.
Savonnières aparece con su piedra color crema y un cartel pintado a mano que anuncia las grutas. Entro. Dentro hace ese frío concreto de las cuevas, el que se mete por la ropa en segundos, y sobre un pedestal, con su cartela correspondiente, hay una coliflor entera convertida en piedra por el agua calcárea de las Grottes Pétrifiantes a lo largo de varias semanas. Me quedo hasta que el frío deja de ser curioso y empieza a ser de verdad.
Los setos de Villandry asoman en ángulo recto por encima de los muros del dominio antes de que se vea nada más, geometría pura contra el cielo ya bajo de la tarde. Paro la bici en el camino.
No entro. Mañana.
En el Cheval Rouge dejo el equipaje y bajo tarde a cenar, cuando casi no queda nadie en el comedor. El camarero —que también es el cocinero, que también parece ser el dueño— pregunta si he hecho el tramo entero desde Amboise. Le digo que sí. Levanta las cejas y se va a la cocina.
Como despacio. Fuera, el pueblo ya está a oscuras.
En el mapa tienes localizadas las paradas de esta segunda etapa. Sale de Amboise y sube al coteau de Vouvray, entra en Tours por el puente Wilson y termina junto al Cher, pasando por Savonnières, hasta Villandry. Los números marcan el orden de paso. Por debajo asoman las rutas ciclistas señalizadas de la zona. Debajo tienes los enlaces oficiales, el álbum fotográfico completo y la información práctica para tu recorrido. Información oficial, consejos y recomendaciones para la ruta. Accede al álbum compartido en Google Photos para explorar todas las capturas de esta etapa a máxima resolución. Amboise → Tours (~27 km, dejando el río para subir al coteau entre los viñedos de Vouvray, con vistas a las viviendas trogloditas excavadas en la roca de toba, antes de volver a la orilla) → Villandry (~15 km siguiendo el Cher). La zona entre Amboise y Tours, especialmente alrededor de Vouvray y Rochecorbon, tiene una de las mayores concentraciones de viviendas y bodegas excavadas en toba (tuffeau) del valle. Algunas se visitan (bodegas con cata incluida) y otras siguen habitadas. Vale la pena bajar del camino principal si ves alguna abierta. La Place Plumereau y el Vieux-Tours merecen al menos una hora. La Cathédrale Saint-Gatien, a diez minutos a pie, cuenta con vidrieras del siglo XIII. Las Halles de Tours para charcutería y quesos locales. Aparcamiento vigilado para bicis junto al puente Wilson. Las Grottes Pétrifiantes rompen el tramo final entre Tours y Villandry. Entrada — 7,70 € adulto. Frescas en verano. Abren de principios de febrero a mediados de noviembre, con horario ampliado en julio y agosto. Temporada 2026 — del 1 de mayo al 27 de septiembre. De lunes a viernes, hasta tres viajes diarios de ida y vuelta entre Orléans, Tours, Angers y Nantes, con parada en Amboise y Tours. Los fines de semana el trayecto llega hasta Le Croisic. La reserva de plaza para la bici es obligatoria y cuesta 1 € por bici y trayecto. Se hace en veloabord.fr. Hôtel Restaurant Le Cheval Rouge, 9 rue Principale, 37510 Villandry. Teléfono 02 47 50 02 07. Correo chevalrouge@rousseautraiteur.fr. Web lecheval-rouge.com. Código ético — Ninguno de los establecimientos mencionados ha pagado por aparecer en este espacio.
Bajo con la bici cargada. Amboise a esta hora no posa para nadie; un panadero cuenta cajas en voz baja junto a la puerta de su tienda, dos veces, no sé por qué. Una furgoneta descarga bidones de agua frente a un restaurante todavía cerrado. El castillo, arriba, sigue exactamente donde lo dejé ayer, cosa que agradezco. Después de un día así uno empieza a dudar de la permanencia de las cosas en general.
EL COTEAU DE VOUVRAY Y LAS VIVIENDAS TROGLODITAS
LLEGADA A TOURS — PONT WILSON Y LA PLACE PLUMEREAU
EL RÍO CHER, SAVONNIÈRES Y LA LLEGADA A VILLANDRY
EL MAPA DE LA RUTA
GUÍA PRÁCTICA Y ENLACES — DÍA 2
LA LOIRE À VÉLO
Portal oficial y app de navegación GPS para la ruta en bici.
TURISMO DE TOURS
Información sobre el casco histórico, la Place Plumereau y la Catedral.
CHÂTEAU ET JARDINS DE VILLANDRY
Página oficial, horarios y entradas para los célebres jardines.
EL BOTÍN FOTOGRÁFICO COMPLETO
LA RUTA DEL DÍA
Total — 40 km, con un desnivel acumulado moderado en la subida del coteau y el resto llano. El día más corto de la ruta.VIVIENDAS TROGLODITAS DE VOUVRAY
TOURS
SAVONNIÈRES
TREN LOIRE À VÉLO
DÓNDE DORMIR EN VILLANDRY
LAS CINCO ETAPAS DEL LOIRA EN BICI
DÍA 1
De Blois a Amboise
DÍA 2
De Amboise a Villandry · Estás aquí
DÍA 3
De Villandry a Chinon
DÍA 4
De Chinon a Saumur
DÍA 5
De Saumur a Angers
Valle del Loira en bicicleta. Loire à Vélo. Día 4. De Chinon a Saumur
45 km aprox. Coteaux con cuestas ...
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