Naturales tu viaje Cerdeña: en busca del azul perfecto

Cerdeña: en busca del azul perfecto

Playa de Is Arutas en Cerdeña

El mar de Cerdeña es de un azul tan sólido que casi da vértigo. No es una metáfora: es que hundes la vista y parece que pudieras cogerlo con las manos, que pudieras hundir una brocha en él y pintar algo con ese color. La luz entra desde arriba, rebota en la arena blanca, se parte en los peces, y tú estás ahí, flotando en medio de todo eso, sin saber muy bien dónde terminas tú y dónde empieza el Mediterráneo. I feel blue. Claro que sí.

Es que hundes la vista y parece que pudieras cogerlo con las manos, que pudieras hundir una brocha en él y pintar algo con ese color.

Cerdeña no es solo una isla bonita. Es una gama entera de matices, del verde esmeralda al azul más puro que hayas visto nunca, ese que parece de mentira en las fotos y que resulta que en persona es todavía peor, porque en persona además está el olor a sal, el sonido del agua contra la roca y los pececitos pequeños que se acercan a darte mordisquitos en las piernas sin ningún miedo.

Es una isla para aventurarse, para vadear ríos y conducir por carreteras que de repente se convierten en camino de tierra y luego en dunas. Para perderse, en el buen sentido.

De esa sensación nacieron dos crónicas. La primera nos lleva al oeste más tranquilo, el que no suele aparecer en las guías o aparece de refilón: las dunas de Piscinas con sus rocas teñidas de rojo, la playa de Is Arutas con su arena de cuarzo que parece bolitas perfectas y que está prohibido llevarse a casa —cosa que entiendes en cuanto la ves—, las ruinas fenicias de Tharros por si quieres darle un toque histórico al día, y los B and B sardos donde la experiencia empieza antes de llegar a la playa. Es la ruta para quien necesita desconectar de verdad, no de postal.

La segunda crónica va a los sitios que aparecen en todas las guías. Y que, aun así, no defraudan. El Golfo de Orosei con sus grutas kársticas a las que llegas en barco navegando sobre un mar verde esmeralda. La Gruta del Bue Marino, donde el eco hace cosas raras con el silencio y el agua cristalina multiplica los reflejos. La Isla de Tavolara y la curiosa historia de su "rey". El archipiélago de La Maddalena, lleno de pinos y senderos que terminan en el mar. Y La Pelosa, con su torre defensiva sobre un islote de arena en mitad del agua, rodeada de gente pero tan bonita que da igual.

Son dos Cerdeñas distintas y las dos valen el viaje.

EL MAPA DE LAS PLAYAS

En el mapa tienes todos los puntos: playas, grutas, puertos, ruinas. Una visión completa para que no te pierdas nada en tu ruta por la isla.

Debajo tienes los dos capítulos completos con coordenadas GPS, precios, consejos de aparcamiento y dónde alojarse en cada zona.

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