Había una vez... Los Zares

PETERHOFF (Петергоф)

Construido por Pedro I se encuentra a orillas del Báltico, más allá de la desembocadura del río Neva. Su principal atractivo son los jardines, además del palacio que los preside, y principalmente las fuentes que lo separan del mar y las estatuas doradas que las decoran. Los jardines son enormes, para pasar allí el tiempo que quieras.

Podrás llegar allí en transporte público, pero también en un barquito que podrás coger en el embarcadero que encontrarás junto al Hermitage y el Almirantazgo. Es una forma más de transporte público ya que no se trata de un paseíto romántico, más que nada porque el barquito va a toda pastilla, como el metro y todo el transporte público de Peter.

TSARKOE SELO (Ца́рское Село́) o Palacio de Catalina en Pushkin 

La riqueza de los zares en su momento de esplendor frente a la vida real del pueblo, un contraste que vale la pena vivir

Al igual que en Peterhoff los jardines son enormes y preciosos. Del Palacio lo más relevante es la habitación de Ámbar, construida por completo de este material. El palacio se puede ver con visitas guiadas. Cuando sacas el billete en taquilla te dan una hora de entrada y como el número de visitas al día es tan elevado es posible que entre la compra de las entradas y la hora de acceso al palacio haya un par de horas. Tiempo que aprovecharás para visitar los jardines, que por otra parte será un tiempo aprovechado.

Para llegar al palacio desde Peter podréis hacerlo en tren desde la estación de ferrocarril de Vitebsk (junto al metro Pushkinskaya). Es la primera estación de ferrocarril en Rusia, construída en 1837. El edificio actual es de los años 1904-1905 y es un magnífico ejemplo de la arquitectura "modernista" de San Petersburgo, conservado y restaurado.

Lo mejor de esta estación es que cuando entras en ella es como viajar en el tiempo, situándote en el escenario de todas esas películas de las que te hablábamos al principio. Puedes imaginar un último beso en el andén, o quizá lanzado al viento desde la ventanilla del vagón. O puede que prefieras pensar en espías con gabardina ocultos tras un periódico mientras esperan en uno de los asientos de la estación.

Y luego te subes al tren, una estructura de puertas y asientos de hierro duros, funcionales y duraderos, pura Unión Soviética, que te llevará al otro extremo del recorrido, donde se encuentra el palacio. La estación de destino también supone un viaje en el tiempo. Vieja, desvencijada, de otra época. Representa momentos históricos opuestos. La riqueza de los zares en su momento de esplendor frente a la vida real del pueblo, un contraste que vale la pena vivir y que esta visita te pone al alcanza de la mano. Un auténtica lección de historia.

INSTANTES EN PETER

Piérdete en San Petersburgo, a lo largo de la Avenida Nevsky, sus calles, sus canales. Sumérgete en sus instantes.

EL VIAJE SIGUE...

Un golpe directo a lo que queda de tu capacidad de sorpresa

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