España Naturales Camino Norte. Gernika-Larrabetzu

Camino Norte. Gernika-Larrabetzu

Peregrinos iniciando la etapa Gernika Larrabetzu del Camino del Norte

Gernika-Larrabetzu 21 kms. Dificultad: Sádica (camuflada de media)

La broma pesada del Monte Gerekiz

La orografía del interior de Vizcaya tiene la irritante costumbre de comportarse como el electrocardiograma de un paciente asustado. No hay tregua. Sales del asfalto de Gernika y, casi de inmediato, el terreno te escupe hacia arriba. El camino hacia el alto de Gerekiz no es una subida espectacular de esas que te premian con vistas alpinas; es un repecho sordo, constante, asfixiante.

Las guías insisten en que es corto, pero las guías mienten con el descaro de un político en campaña. Caminas por pistas forestales que, para colmo de males, suelen estar trituradas por las rodadas de los tractores madereros. Cada paso en ese barro arcilloso exige un peaje en calorías que ninguna barrita energética puede compensar.

Pistas forestales y barro en la subida al Monte Gerekiz Camino de Santiago

El sube y baja de la Vizcaya profunda

Una vez superas la ermita de San Esteban —que a esas alturas te parece la mismísima catedral de Santiago—, descubres que la bajada es solo un espejismo. El Camino del Norte por el valle del Txorierri es una sucesión neurótica de toboganes, de prados y de caseríos dispersos.

Los perros de los caseríos te miran pasar con la misma indiferencia con la que uno mira un anuncio de seguros en la televisión. Es un entorno rural hermético, cerrado sobre sí mismo, donde la niebla parece formar parte del mobiliario urbano y el silencio solo se rompe por la percusión agónica de tus propios bastones.

Caseríos y niebla en el valle del Txorierri cerca de Larrabetzu

Larrabetzu, Miamendi y el peaje final

Alcanzas Larrabetzu con la ilusión del náufrago que divisa la costa, pero el Camino, que padece de un sentido del humor retorcido, siempre guarda un último azote. Resulta que para llegar a tu lecho en la Casa Miamendi tienes que desviarte de la ruta oficial y enfrentarte a una cuesta. Pero no una cuesta cualquiera.

Es una pared que parece haber sido diseñada por un traumatólogo con ganas de hacer caja. Subir esa pendiente con veintiún kilómetros en las piernas te hace replantearte todas y cada una de las decisiones vitales que te han llevado hasta ese punto exacto del universo. Eso sí, al llegar arriba, el lugar tiene la paz solemne de los sitios que exigen un sacrificio previo.

Puntos de interés (si tienes fuerzas para mirar)

Entre el barro y el sudor, conviene no perderse las rodadas de los tractores, un monumento involuntario a la industria maderera vasca que aprenderás a esquivar como minas antipersona. Más adelante te toparás con el Alto de Gerekiz, el muro de las lamentaciones del sexto día, ideal para cuestionar tu fe y tu cordura.

Finalmente, el casco viejo de Larrabetzu te sorprenderá. Es sorprendentemente monumental, con sus palacetes y calles empedradas, aunque tus rodillas preferirían mil veces que todo aquel encanto histórico estuviera asfaltado con material viscoelástico.

Arquitectura y casco viejo de Larrabetzu Camino del Norte

Reflexiones del viajero (y sociología de comedor)

La mística del Camino tiene muy poco que ver con la iluminación espiritual y mucho con la biología y la sociología. Al anochecer, limpios y cojeando, salimos a cenar. Larrabetzu es peculiar: en sus inmediaciones orbita la galaxia Michelin de Eneko Atxa (Azurmendi), una anomalía donde la alta cocina convive con peregrinos llenos de polvo. Nosotros acabamos en un comedor más terrenal.

Y allí ocurrió. Éramos los únicos españoles rodeados por una legión de extranjeros de tez sonrosada con ropa técnica carísima. Lo verdaderamente místico fue observar cómo el personal de sala se desvivía por ellos, mientras a nosotros nos despachaban con la eficiencia fría del que sabe que no hay propina sustanciosa a la vista.

Ellos tenían preferencia en los tiempos, en las sonrisas y en las recomendaciones. En ese momento lo comprendes todo: nosotros no éramos los clientes; nosotros éramos el decorado. Éramos la nota pintoresca, los figurantes autóctonos en su exótica aventura española. Supongo que son clientes mucho más habituales y rentables. En fin, el Camino te enseña humildad de las formas más insospechadas.

TIPS

Track de la etapa

En este enlace puedes acceder al track GPS de esta etapa. Descárgalo. Lo necesitarás cuando un cruce de caminos en mitad de un pinar idéntico a otros cien pinares te haga dudar de tu propia existencia.

Alojamientos recomendados

Descansar en este tramo se divide entre el bullicio de la salida y la soledad (ganada a pulso) de la llegada:

  • Gernika - Albergue de peregrinos: Si todavía tienes ganas de socializar y escuchar los ronquidos de personas que no conoces de nada en un idioma que no entiendes.
  • Gernika - Pensiones privadas: El refugio necesario antes de enfrentarse a la maquinaria forestal del día siguiente y a las rampas de Gerekiz.
  • Larrabetzu - Casa Miamendi: Como ya he mencionado, está en un repecho que desafía las leyes de la gravedad y exige un desvío. Sin embargo, una vez superada la taquicardia, la recompensa es mayúscula. Las vistas, el silencio absoluto y el trato compensan el infarto. Perfecto para prepararse psicológicamente para la entrada a Bilbao.

Sabores de la etapa

En esta zona, la gastronomía oscila entre los dos extremos del espectro humano. Puedes dejarte el sueldo en el complejo de Azurmendi, que ostenta más estrellas que la constelación de Orión, o puedes buscar la redención en un bar de pueblo en Larrabetzu.

  • Txakolí prescriptivo: Si optas por lo segundo, el txakolí no es una opción, es una prescripción médica. La acidez de este vino blanco local actúa como un disolvente maravilloso para las penas y los dolores articulares del día.
  • Consejo del peregrino irónico: No te dejes engañar por la cercanía de Bilbao. El sexto día es ese punto ciego donde el cuerpo va en reserva pero la mente ya está pidiendo pintxos en la Plaza Nueva. Asume que en los restaurantes locales vas a ser tratado como un ciudadano de segunda frente al turista extranjero, y sonríe. Pagar por sufrir es la definición exacta de este viaje.

Código ético: Ninguno de los establecimientos mencionados ha pagado por aparecer en este espacio.

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