IMÁGENES QUE CRECEN
Atardecer en la Isla de San Pedro y San Pablo
Pero esto no es más que una muestra pequeñita de lo que se acerca. Un camino adoquinado precede la entrada a la fortaleza que te recibe con su arco principal. Las antiguas dependencias de la fortaleza te saludan convertidas en museos. Pocos pasos más adelante la catedral de San Pedro y San Pablo te espera con su torre de aguja dorada, desafiando al cielo. Frente a ella, la antigua casa de la moneda y a un lado, otro arco. Puede que pase desapercibido para ti, pero deberías cruzarlo.
Ha llegado el momento de detenerte en el embarcadero que te encuentra. La imagen que adivinabas antes de entrar a la isla crece y se magnifica. No te resistas, estás atrapad@, pero no te conformes. Sigue el camino que transcurre junto a la muralla de la fortaleza y deja que tu mirada dialogue con el río y Peter. Llegarás a la playa, sí, la playa. Será difícil, pero si el tiempo acompaña quién sabe si podrás descalzarte, caminar sobre la arena y mojar tus pies en las aguas del Neva. Como un zar.
El sol se marchará y cederá su espacio a la noche, la imagen cambiará, la luz del sol se apagará y las luces de la ciudad iluminarán tu mirada. La imagen invertida, como un extraño negativo, crecerá y completará las emociones de tu paseo. Y tú, en el final de tu día, te irás a descansar, crecido.

